Alias Zotes

Guión cinematográfico de Jesús Pérez Ramos basado en la novela “Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes”, de José Francisco de Isla.

 

BLOQUE DE SECUENCIAS 1

 

Secuencia 1

Día / Campazas / Plaza

 

            Sobreimpresión (Al abrir cámara):

Pueblo de Campazas, cerca del río Esla,

Al noroeste de la Tierra de Campos

Y en coincidencia con las fronteras surestes de León.

 

­­— En esta secuencia la acción será recogida en una sola toma, abriendo cámara sobre una panorámica general del pueblo. Lentamente vamos reduciendo el escenario hasta pasar a un primer plano en el que se recoge la actividad del mercado en la plaza. Seguimos con un enfoque a nivel de los puestos hasta fijar a lo lejos y de frente la bocana de una calle, por la que se ve llegar al centro del mercado al Licenciado Patapalo, siendo realmente su pierna derecha de la rodilla para abajo de palo. Bajo el brazo lleva la carpeta y se ayuda para caminar con un bastón. Acercamos el enfoque a este personaje para recogerlo en un primer plano de abajo arriba cuando llega al centro del mercado. Observa a un lado y a otro, sonríe, se arrasca la cabeza bajo el sombrero con la empuñadura del bastón, que es la cabeza de un pato. Y al  reanudar el paso ampliamos el enfoque para volver a la misma panorámica con que abrimos esta secuencia. Huelga decir que el sonido de fondo es el propio que se le supone al ambiente de un mercado de la época.

 

            Licenciado Patapalo:

(Su voz en off comienza a oírse cuando se detiene en medio del mercado.)

Campazas es un lugar del que no hizo mención Tolomeo en sus cartas geográficas, porque verosímilmente no tuvo noticia de él, y es que se fundó como mil y doscientos años después de la muerte de este insigne geógrafo, como consta de un instrumento antiguo que se conserva en el famoso archivo de Cotanes. Su situación es en la provincia de Campos, entre poniente y septentrión, mirando derechamente hacia éste, por aquella parte que se opone al mediodía. No es Campazas ciertamente de las poblaciones más nombradas, ni tampoco de las más numerosas de Castilla la Vieja...

(Se va bajando el sonido de la voz en off hasta que desaparece por completo.)

 

 

Secuencia 1 A

Día / Campazas / Plaza / Entrada a la taberna

 

            Macarra 1:

(Su voz entra cuando desaparece por completo la voz en off del Licenciado Patapalo. Primer plano de la cara del personaje, un muchacho de unos catorce años.)

Al loro, macarras, que ya llega a la taberna de Campazas el Licenciado Patapalo, como es su costumbre en día de mercado. Cuando me haga a un lado, travesaño.

 

— Las puertas de la taberna están abiertas de par en par, y justo en la entrada se encuentra el Macarra 1 cruzado de brazos, observando la actividad del mercado. Hacía él viene el Licenciado Patapalo.

— Conforme se entra al local, detrás de la puerta de la izquierda se encuentran otros dos macarras, que observan al de la entrada por la rendija que queda entre la hoja y el cerco.

— Visionado por detrás, el Licenciado Patapalo llega a la entrada del local, y el Macarra 1 se hace a un lado.

— Uno de los dos macarras escondidos tras la puerta, se dispone a sacar por la rendija la mitad del palo que sostiene a la altura de los tobillos.

 

            Licenciado Patapalo:

            Buen día.

 

            Macarra 1:

            Si usted lo dice.

 

— Con toma a cámara ralentizada, en cuanto el Licenciado Patapalo cruza con el pie izquierdo la entrada (sus pasos son siempre con el pie izquierdo por delante), sale por la rendija el palo que maneja uno de los macarras escondidos. El palo que sale por la rendija se antepone al avance de la pierna propiamente de palo.

— El Licenciado Patapalo cae como un saco al suelo.

— El macarra escondido retira de inmediato la trampa y junto con el otro también escondido salen de la taberna por la ventana abierta igualmente de par en par, ventana que desde el local queda escondida a su vez por una de las hojas de la puerta.

 

            Macarra 1:

(Riéndose a carcajada sin disimulo alguno, lo que provoca la risotada general de todos los presentes en el local.)

Mire que he visto caídas, Licenciado Patapalo, pero como la suya...

 

Macarra 2:

(El que puso la trampa. Se asoma a la entrada del local junto con el tercer macarra que se escondía con él. Ambos ríen también.)

¿Pero qué cojona le pasó?

 

— El contenido de la carpeta del Licenciado Patapalo quedó desperdigado por doquier, así como el sombrero y el bastón. Los presentes se arriman al accidentado en su auxilio, que una vez sentado apenas puede esconder no tanto una mueca de dolor como su extrañeza ante el hecho de haber sido protagonista de una caída tan tonta.

 

            Tabernero:

            (Entregando el bastón al accidentado.)

¡Hombre de Dios, Licenciado Patapalo! ¿Cómo es que se le ocurre de ir a meter la patapalo en el único agujero que hay en todo el ensolado de la taberna?

 

            Licenciado Patapalo:

No... No creo haber metido la pata en ningún agujero, más bien creo que alguien...

 

            Tabernero:

¿Quién?... Fue el agujero de la entrada, Licenciado. ¡A ver si lo allano de una vez!

 

Licenciado Patapalo:

Hágalo, por favor, pues no me importa que su desidia me hubiera costado el palo de la pata, sino que me hubiese costado la pata buena para verla convertida en palo.

 

Tabernero:

Ja, ja, ja... Usted siempre tan ocurrente, Licenciado. Venga, ¡aaaaaupa! Ayudémosle a llegar a la mesa del rincón. Como verá se la reservo a usted siempre que llega a Campazas en día de mercado.

 

Licenciado Patapalo:

Muy amable por su parte.

 

Tabernero:

¿Cree usted oportuno que mande venir al médico para que lo vea?

 

Licenciado Patapalo:

Oh, no no, muchas gracias. Estos contratiempos sólo se curan con el tiempo, o sea mientras van desapareciendo los moratones que están por aparecer.

 

— Entre el Tabernero y otros ayudan al Licenciado Patapalo a llegar a esa mesa en cuestión, que se encuentra al fondo del local junto a otra ventana, la que da al corral.

 

            Licenciado Patapalo:

            (Sentándose a la mesa.)

            Tráigame ya la jarra de rigor, por favor.

 

            Tabernero:

            ¡Cómo no! De seguro que el vino le ayuda a olvidar el dolor.

 

            Cliente 1:

            ... ¡Te digo que yo estaba primero!

 

            Cliente 2:

            ¡D´eso nada! Al salir el sol ya estaba yo sentado a la puerta de la taberna.

 

            Cliente 1:

            Pero yo quedé citado con el Licenciado la semana pasada.

 

            Cliente 2:

            ¡Ya´mí qué! El que se fue a Sevilla perdió la silla...

 

            Licenciado Patapalo:

Señores, señores... comencemos bien la jornada. Pónganse de acuerdo.

(Los clientes no se ponen de acuerdo.)

Está bien... ¡Está bien! ¡No podemos estar discutiendo toda la mañana! Así que será un servidor, de forma salomónica, el que decida quien de ustedes será el primero en contar con mis servicios. ¿De acuerdo?

 

Cliente 1:

D´acuerdo.

 

Cliente 2:

D´acuerdo... si es de forma salmónica.

 

Licenciado Patapalo:

Salomónica. Bien... Usted, ¿a quién va a dirigir la carta?

 

Cliente 1:

A mi hijo Demetrio, que vive en Oviedo.

 

Licenciado Patapalo:

¿Y usted?

 

Cliente 2:

A mi hijo Diosdado, que se fue a trabajar a la fundición de Lugo.

 

Licenciado Patapalo:

Bueeeeno, pues si mis cálculos geográficos no me fallan, Lugo está más lejos que Oviedo. De modo y manera que, si para el destinatario de Lugo la carta tarda más en llegar que la que va dirigida al que vive en Oviedo, justo es que escribamos antes al de Lugo que al de Oviedo. Por lo tanto, usted siéntese, y usted, aguarde turno.

 

Cliente 2:

Gracias, Licenciado, es usted todo un sabio tomando decisiones salmónicas.

 

Licenciado Patapalo:

Salomónicas.  Veamos... ¿Qué le quiere contar a su hijo...?

 

Cliente 2:

Diosdado, se llama Diosdado. Pues veamos. A ver... Querido hijo Diosdado. Diez puntos.

 

Licenciado Patapalo:

Dos puntos.

 

Cliente 2:

Está bien, pos´que sean dos puntos. Pero me tiene que hacer una rebaja en el precio, porque de dos puntos a diez van unos cuantos, que contar sí que sé.

 

Licenciado Patapalo:

(Echando un trago de vino de la jarra.)

Ay, Señor, qué tragos, qué tragos, que diría Sancho.

 

 

Cliente 2:

Eso digo yo.

(Al tabernero, que pasa por el lado.)

¿Y qué hay de mi jarra? Que si no no me espiro para escribir a mi hijo.

 

 

Secuencia  2

Noche / Campazas / Plaza y Calle

 

— Desaparece todo sonido relacionado con el interior de la taberna a la toma de un primer plano de los dos últimos personajes que acabamos de dar cuenta, estando el Licenciado en plena redacción de la carta mientras le va dictando el Cliente 2. Al mismo tiempo se transforma el sonido procedente de la plaza, que deja de ser el propio de un mercado para convertirse en un murmullo generalizado con alguna exclamación devota, como corresponde a una procesión de Semana Santa. La procesión cruza la plaza y continua por una calle. La toma va desde la mesa del fondo de la taberna hasta recoger un plano general de la plaza.

 

            Licenciado Patapalo:

            (Voz en off.)

A mediados del siglo pasado había en Campazas un labrador al que entendían por el rico del lugar; porque tenía dos pares de bueyes de labranza, una yegua torda, dos carros, un pollino rucio, zancudo, de pujanza y andador, para ir a los mercados; un hato de ovejas, la mitad parideras y la otra mitad machorras; y se distinguía su casa entre todas las del lugar en ser la única que tenía rejas en las ventanas.

 

— En paralelo a la procesión vamos tomando detalles de la misma. Entramos con la toma en la calle y detallamos a Antón Zotes vestido de penitente y flagelándose la espalda, cuya sangre irá en aumento.

 

            Licenciado Patapalo:

            (Voz en off.)

Ese tal rico de Campazas se llamaba Antón Zotes, familia arraigada en Campos, pero extendida por todo el mundo, y tan fecundamente propagada, que no se hallará en todo el reino, provincia, ciudad, villa, aldea ni aun alquería donde no hiervan Zotes, como garbanzos en olla de potaje. Hallándose estudiando en Villagarcía, ya medianista, a los veinte y cinco años de su edad, llegaron los quince días, que así se llaman las vacaciones que hay en la Semana Santa y en la de Pascua, y fuese a su lugar, como es uso y costumbre en todos los estudiantes de la redonda. Y el diablo, que no duerme, le tentó a que se vistiese de penitente el Jueves Santo, lo que Antón Zotes aprovechó para encandilar a una mozuela vecina suya.

 

— Con su disfraz de penitente y caperuzo, Antón Zotes se deja de azotar para señalar la cinta negra que lleva colgada del cuello cuando ve a Catanla Rebollo, y ésta se pone a saltar de alegría.

— Percatado de que ella ya lo ha situado en la procesión, Antón Zotes se azota si cabe con más pasión, y no deja de hacerlo al comprobar que ella lo sigue orillada a las fachadas.

— La sangre se percibe a borbotones en la espalda del penitente.

— El Mayordomo de la procesión se da cuenta de que Antón Zotes sangra más de lo debido.

 

            Mayordomo de la procesión:

Antón Zotes, vaya a que lo curen o convertirá la calle en un regato de sangre.

 

— Antón Zotes sale de la procesión.

 

 

Secuencia 2 A

Noche / Campazas / Plazuela

 

— En la plazuela Antón Zotes camina medio tambaleándose.

—Tras él va Catanla Rebollo y al llegar a su altura, el penitente, con la cara pálida y con muestras de desmayo, se apoya en el hombro de ella.

— En la plazuela está la casa de Antón Zotes, que tiene un portalón y corralón previos a la vivienda.

— Bajo el portalón espera la familia del penitente, que lo ayuda a entrar en la casa.

 

 

Secuencia 2 B

Noche / Campazas / Casa de Antón Zotes / Dormitorio

 

            Madre de Antón Zotes:

¡Pero hijo, pero hijo, no hacía falta tanto esmero para demostrar el repentimiento de tus pecados, porque de haberte arreado más sí que hubieras quedado arrepentido para siempre, que a poco ya te salen los hígados por la lomada.

 

Catanla Rebollo:

Si lo suyo no era repentirse de los pecados, seguro, sino arrearse en honor de una sevidora. Y pobre de Antón, vaya que ha quedado arrepentido. Acérquense ustedes a terminar la procesión que yo me siento cansada. Mientras tanto me haré cargo de su cura y le daré conversación. Traigan más vino con romero, sal y estopas.

 

— Algunos curiosos y la familia al completo del paciente están en el dormitorio, unos quince en total.

Antón Zotes yace bocabajo en la cama sin parar de gritar, mientras varias mujeres le curan la espalda.

— Una vez que salen todos de la habitación, Catanla Rebollo prosigue ella sola la cura.

 

Licenciado Patapalo:

(Voz en off.)

Lo que pasó entre los dos cuando quedaron a solas no se sabe; sólo consta de los anales de aquel tiempo que, vuelto Antón Zotes a Villagarcía, comenzó a correr un runrún malicioso por el lugar; que sus padres quisieron se ordenase a título de la capellanía; que él, por debajo de cuerda, hizo que la moza le pusiese impedimento; que al fin y postre se casaron; y que, para que vea el poco temor de Dios y la mucha malicia con que habían corrido aquellas voces por el pueblo, la buena de la Catanla Rebollo no parió hasta el tiempo legal y competente.

 

— A partir de la mitad de la anterior voz en off entramos en la secuencia siguiente.

 

 

Secuencia 3

Noche / Campazas / Casa de Antón Zotes / Dormitorio

 

Catanla Rebollo en pleno parto. Gritando. La Matrona está sobre ella empujándole la barriga.  La Madre de Antón Zotes a un lado de la cama. La Criada al otro. Y el Médico entre las piernas de la parturienta intentando ya sacar a la criatura.

— La ventana del dormitorio, en planta superior, abierta de par en par. Canto de grillos.

— Por la ventana se ve lo que pasa en el corralón: una mesa montada para un refrigerio y junto a ella Antón Zotes inquieto. Resto de miembros de la familia. Y además varios clérigos entre capellanes, curas y frailes.

— Desde la ventana, también, se ven llegar algunos curiosos del pueblo, que pasan bajo el portalón al corralón. Suben de tono los gritos de la parturienta.

 

            Matrona:

Empuje, empuje la tía Catanla y déjese de tanto alarío, que alaríos ya tuvo mientras estuvo bajo la hombría de Antón Zotes.

 

— Por fin la criatura es dada a luz. El Médico la eleva en el aire agarrándola por los tobillos, y le da cuatro azotazos, que suenan como si realmente fueran de castigo, sin contemplaciones. Hágase la escena lo más cruda posible.

— Desde el corralón comienzan a oírse los llantos del recién nacido. Todos los presentes en este sitio miran para la ventana del dormitorio, en la que aparece el Médico mostrando al recién nacido, que aún mantiene en el aire y asido por los tobillos.

 

            Médico:

            ¡Es un varón, entero, hecho y bien derecho!

 

 

Secuencia 3 A

Noche / Campazas / Casa de Antón Zotes / Corralón

 

— En el corralón todos dan muestras de alegría y se acercan a Antón Zotes para colmarlo de enhorabuenas, quien siendo el anfitrión comienza a llenar pequeños vasos con aguardiente de una botella de barro.

 

           

 

Antón Zotes:

Capellán Quijano de Perote, siga usted sirviendo aguardiente a la gente, que voy a ver cómo se encuentra la mi Catanla.

 

Capellán Quijano de Perote:

Vaya, vaya usted Antón Zotes a ver a la tía Catanla... y a la criatura. Ya me hago yo responsable con gusto del menester que me ha encargado.

 

 

Secuencia 3 B

Noche / Campazas / Casa de Antón Zotes / Dormitorio

 

Mientras tanto, en el dormitorio la Madre de Antón Zotes encarga a la Criada:

 

            Madre de Antón Zotes:

Baja y´a la cocina a preparar de inmediato la sustancia para la Catanla, y cuida de que nuestros invitados clérigos estén bien atendidos.

 

Criada de Antón Zotes:

Al momento, señora, haré ese caldo de gallina para la pobre Catanla. Mas no d´haber de preocuparme por los clérigos, que ya se cuidan bien ellos solitos cada vez que llegan a esta santa casa sin que nadie les invite, bajo el pretexto que mejor se les antoja.

(Volviéndose hacia la puerta del dormitorio.)

Gorrones.

 

— Al abrir la puerta la Criada entra en el dormitorio Antón Zotes. Se dirige a la cabecera de Catanla Rebollo, que ya tiene en sus brazos al recién nacido.

—Típica escena entrañable. Sin palabras.

 

 

Secuencia 4

Día / Casa de Antón Zotes / Sala principal

 

            Capellán Quijano de Perote:

Dado que soy licenciado, capellán del mismo Campazas, y puesto que me han ofrecido que sea el padrino de su hijo de ustedes, y, lo que es más importante, siendo como soy Quijano de Perote, parecería lógico que la criatura se llame Perote.

 

Cura:

¿Perote Zotes? Hmmm... Zote es consonante de Perote. No me acuerdo dónde lo he leído, pero sí he leído que esas dos palabras, Perote y Zote, han de evitarse juntas cuando se habla en prosa.

 

 

 

 

Antón Zotes:

No gaste usted tanta, señor Cura, que tampoco suena bien Sancho Ravancho, Alberto Retuerto, Jeromo Palomo, Antonio Bolonio, y no vemos ni oímos otra cosa por Tierra de Campos. Mientras sea chico le podemos llamar Perotico, hasta que con la edad y con el tiempo pasemos a llamarlo Perote a boca llena.

 

Catanla Rebollo:

(Dando el pecho al niño.)

¡No en mis días! Perote suena a cosa de perol, y no ha de andar por ahí el hijo de mis entrañas, como andan los peroles por la cocina.

 

Antón Zotes:

¡Punto en boca, señores! Ahora me incurre un estupendísimo nombre, que enjamás se empuso a ningún nacido pero que se ha de imponer a mi chicote. No de otra manera, Gerundio se ha de llamar. Y no se hable más.

 

Licenciado Patapalo:

(Voz en off, mientras recogemos en primer plano la cara del niño mamando.)

Y no se habló más del tema que estaban tratando, porque pasaron a hablar del tiempo que hacía, como cuando nadie nada tiene que decir. Pronto el niño Gerundico dio grandes señales de lo que había de ser, porque antes de dos años ya llamaba pueca a su madre con mucha gracia; de manera que era la diversión del lugar, y todos decían que había de ser la honra de Campazas.

 

— Fundido en negro.

 

 

Secuencia 5

Noche / Casa de Antón Zotes / Sala principal

 

— Toda la familia está al completo en la estancia, además del Cura y el Capellán Quijano de Perote, igual que en la anterior secuencia.

 

Licenciado Patapalo:

(Voz en off, abriendo en primer plano la cara de Gerundio Niño, boquiabierto mientras escucha lo que lee el Padre Colegial.)

Así lo captó también un Padre Colegial, de estos atusados, que acertó a pasar por Campazas a la cuesta del mes de agosto camino de Cabrerizos, pues a este lugar y no a otro le había enviado su prelado a predicar un sermón de ánimas. Y claro, no podía ser de otro modo que al paso por Campazas hiciera parada y fonda en la casa de los Zotes. En realidad cuando aún Gerundio Niño no sabía leer ni escribir, ya sabía predicar, porque como pasaban por la casa de sus padres, que lo seguía siendo de sus abuelos, tantos frailes, especialmente cuesteros, verederos, predicadores sabatinos y otros, es por ello que el crío iba tomando madera de orador de púlpito. Ante los ruegos del Cura de Campazas, el Padre Colegial leyó en primicia en la casa de Antón Zotes el sermón de ánimas que tenía destinado para los de Cabrerizos, con intercalados de latín puro por doquier del texto.

 

Padre Colegial:

(Terminado de leer el sermón.)

... Lazarus amicus noster dormit. Por eso, queridos hermanos, las almas de los difuntos, o están en la gloria, o están en el infierno, o están en el purgatorio. Por las primeras, las de la gloria, no se toca porque no han menester sufragios. Por las segundas, las del purgatorio, tampoco, porque no las aprovechan. Con que sólo se toca por las terceras, para que Dios las saque de aquellas llamas; pues eso y tocar a fuego, allá se va todo.

 

Cura:

(Levantándose del asiento llorando de gozo para ir a abrazar al Padre Colegial.)

¡Padre, vuesa paternidad es un demonio! ¡Qué gloriosísimo sermón de ánimas!

 

Catanla Rebollo:

¡Benditas las madres que tales hijos paren!

 

Antón Zotes:

Aprende, Gerundico hijo, aprende.

 

Gerundio Niño:

Si ya apendo, pare, ya apendo.

 

 

Secuencia 6

Día / Casa de Antón Zotes / Dormitorio de Gerundio

 

— Se oye el canto del gallo por el corralón. Gerundio Niño despierta y se pone en pie en la cama. Comienza a gritar como si estuviera predicando.

 

            Gerundio Niño:

            ¡Ánima, animón y animalón! ¡Lázaro! ¡Saquistán! ¡Purgatoro!...

           

            Antón Zotes:

            (Entrando en el dormitorio con Catanla.)

            ¡Si ya sermonea, Catanla, ya sermonea! ¡Gerundico nos va para precoz!

 

            Catanla Rebollo:

¡Cómo que nos va a tirar coces el niño! ¿Qué idea de burro has tenido? Ayyy, nos va para predicador, y de los buenos.

 

Gerundio Niño:

¡Ánima, animón y animalón! ¡Lázaro! ¡Saquistán! ¡Purgatoro!...

 

— Fundiendo en negro.

 

 

Secuencia 7

Día / Viaje por el camino / Saliendo de Campazas

 

— En un carro tirado por yegua torda viajan el matrimonio y su hijo Gerundio Chico, de unos cinco años. Los padres van sentados delante en el pescante, Gerundio sentado detrás, opuesto al sentido de la marcha, en el borde, por lo que le cuelgan las piernas. Maneja un tirachinas y tiene un buen montón de piedras a su lado.

— El sol ya ha despuntado por completo en el horizonte. Abandonan Campazas. Tras el carro se pone a caminar un perro. Canto de pájaros.

 

            Gerundio Chico:

¿De dónde ha salío este chucho tan chusco? Te vas a ir con la sarna a otra parte.

 

Gerundio Chico toma una piedra y con el tirachinas consigue acertar en el lomo del animal, que se vuelve corriendo y aullando de dolor para el pueblo.

 

Catanla Rebollo:

Gerundico, deja en paz a los animales que también son criaturas de Dios.... Gracias a Dios, esposo mío, ca´llegado por fin el día en que el muchacho va a la escuela.

 

Gerundio Chico:

¿Y por qué no voy a la escuela de Campazas?

 

Antón Zotes:

Porque el maestro de Campazas me da a mí mu mala espina, hijo mío. Parecesme a mí que ese sujeto no sabe hacer la O ni con un canuto. Qué sabrá un burro cuando es día de fiesta o de pájaras preñadas. Arre, Torda.

 

Gerundio Chico:

Me han dicho que el Maestro Martín es cojo.

 

Antón Zotes:

Por eso es más listo que el de Campazas, puesto que la dasanvoltura que perdió en la pierna, que se la quebró por ir a coger un nido de pardales, sa la ido a la sesera. Por eso es más listo que el de Campazas, por eso. Además ha sido descépulo en León capital del famoso maestro Socaliñas, que de un rasgo hacía una pájara y de otro un pabellón. Y además el Maestro Martín ha sido escrebiente de un notario de la vicaría de San Millán. A´siesque también sabe de letras notariales. Y números notariales. Ojo, notariales.

 

Catanla Rebollo:

Vas a tener el mejor maestro de toda Campos y parte de los campos de otras provincias.

 

 

Antón Zotes:

El maestro Martín ma´dicho que él enseña con proprorcionalidad, o sea empleando letras muy grandes para escribir montaña, y empleando letras muy pequeñas para escribir mosquito, pongamos un suponer, y eso sí que lo veo yo desde todo punto de vista o desde toda vista a punto, lógico y cabal.

 

Mientras habla el padre, Gerundio Chico vuelve a hacer uso del tirachinas, tirando esta vez a una bandada de cuervos que hay apostada y apartada del camino, en las tierras. Obsérvese que una de las aves, ante el impacto, salta del suelo perdiendo algunas plumas y sin poder retomar el vuelo.

 

            Gerundio Chico:

            Pero si no voy a la escuela de Campazas tengo que madrugar más.

 

Antón Zotes:

Mejor, porque al que madruga, Dios le ayuda. El camino diario de ida y vuelta te servirá para resfesionar lo que te enseñe el Maestro Martín.

 

Gerundio Chico:

Pues que sea asín, pero que me lleve y me traiga Genaro al galope sobre la Torda, para resfesionar más aprisa.

 

— Tras pasar el carro, una culebra se pone a cruzar el camino. Gerundio Chico acierta en el centro de ella, y el ofidio se enrosca y retuerce en sí.

 

            Catanla Rebollo:

            Deja en paz a los animales, Gerundico, que también son criaturas de Dios.

 

— El sol está más alto en el horizonte.

— Ya se ve el pueblo al que conduce el camino.

 

            Sobreimpresión:

Pueblo de Villaornate

 

 

Secuencia 8

Día / Villaornate / Escuela / Vivienda

 

Antón Zotes:

A´síesque un servidor les dará puntualmente todos los meses un real, y cada sábado cuando vengan a recoger a Gerundico les traerán a vuestras mercedes un detalle similar al de hoy, para que atiendan a la criatura durante el día como si se encontrara en su propia casa.

 

Mujer del Maestro Martín:

(Abriendo el fardel que le entrega Antón Zotes. En el recipiente de tela hay longanizas, un trozo grande de tocino, varias cebollas y una rosca de pan.)

Seremos como sus propios padres, pierdan ustedes cuidado. Ahora llevemos al niño a clase. Mi esposo ya está repartiendo enseñanza. Primeramente enseña a los mayores y después a los más pequeños, porque como saben menos así les dedica todo el resto del tiempo.

 

Catanla Rebollo:

Esó está mu bien.

 

 

Secuencia 8 A

Día / Villaornate / Escuela / Aula

 

— La Mujer del Maestro Martín abre con gran cuidado la puerta que comunica con el aula, y se ve de espalda al Maestro Martín en plena lección a sus alumnos, que vienen a ser unos veinte entre los cinco y los diez años.

 

            Maestro Martín:

Por eso os digo que debéis eliminar las palabras que empiezan con arre de la lengua castellana, como arrepentirse, arremangarse, arreglarse, arreo, etcétera, porque son propias de arrieros que tienen el bagaje de godos y árabes. El empleo de esas palabras con arre es signo de mala crianza, porque es tanto como tratar de burros o machos a las personas civilizadas.

 

Mujer del Maestro Martín:

Martín.

 

Maestro Martín:

(Se vuelve para atrás y camina hacia los visitantes, cojeando, claro.)

¡Cuanta felicidad la mía por llegar a mi presencia nada más y nada menos que el grandísimo ganadero y agricultor Antón Zotes y familia, de Campazas. Y de seguro que este muchacho tan avispado es Gerundio, alias Zotes, ¿eeehhh?

 

Antón Zotes:

Así´nes, Maestro Martín.

 

Maestro Martín:

Bueno, galán, pues ve a sentarte en la primera fila. Más pronto que tarde conseguiremos hacer de ti un hombre de provecho.

 

Antón Zotes:

Y de pelo en pecho.

 

Maestro Martín:

Muy acertado, señor Zotes.

 

 

Secuencia 8 B

Día / Villaornate / Escuela / Aula

 

— Todos los alumnos van pasando por la mesa del maestro para entregar sus planas o deberes. El Alumno 1, de los más pequeños, después de depositar su plana sobre la mesa, extiende las manos hacia el maestro.

 

            Alumno 1:

            Señor maestro, deseo hacer caca pero no sé arremangarme.

 

            Maestro Martín:

            ¡Pues yo te enseñaré, grandísimo bellaco!

            (Se levanta de la mesa enfurecido y da de azotes al niño, diciendo:)

¡Anda, anda, anda, para que otra vez no vengas a arremangarnos los livianos! ¡Que os tengo dicho que no se emplean palabras con arre, porque te arreo! ¡Ve al corral a hacer tus cacas y aprende a subirte las mangas!

 

 

Secuencia 8 C

Día / Villaornate / Escuela / Aula

 

El Maestro Martín pasea de un lado a otro de la clase mostrando su cojera mientras da explicaciones.

 

Maestro Martín:

De estas veinte y cuatro letras, unas se llaman vocales y otras consonantes. Las vocales son cinco: a, e, i, o, u. Llámanse vocales porque se pronuncian con la boca.

 

Gerundio Chico:

Pues, ¿acaso las otras, señor maestro, se pronuncian con el culo?

 

Maestro Martín:

(Toda la clase salta en una carcajada.)

No seas intrépido, Gerundio, y déjame acabar lo que iba a decir. Digo, pues, que las vocales se llaman así, porque se pronuncian con la boca, y puramente con la voz, pero las consonantes se pronuncian con otras vocales. Esto se explica mejor con ejemplos. A, primera vocal, se pronuncia abriendo mucho la boca y diciendo: aaaaaaa.

 

Gerundio Chico:

(Mirando para todos los lados.)

Aaa, aaa, aaa.... ¡Tiene razón el señor maestro!

 

Maestro Martín:

La e se pronuncia acercando la mandíbula inferior a la superior, esto es, la quijada de abajo a la de arriba, pero sin llegar a juntarse. Así, eeeeeee.

 

Alumno 2:

Mire cómo lo hago yo, Maestro Martín. Eeeeee.

 

— En toma siguiente toda la clase es un puro escándalo, pues cada alumno pronuncia una vocal. El Maestro Martín  vocaliza la O frente al alumno más joven.

 

 

Secuencia 9

Noche / Casa de Antón Zotes / Sala Principal

 

— Con la misma dinámica de la secuencia anterior, toda la familia al completo, más el Cura y el Capellán Quijano de Perote, hacen ejercicios de pronunciación de las vocales conforme a las indicaciones de Gerundio.

 

            Gerundio Chico:

            Cuanto más abra la boca, madre, mejor le saldrá la a.

            (Y le abre la boca a la madre.)

 

— Los que toman el fresco en la calle oyen el griterío que hay en la casa. Y curiosos, cruzan el portalón, el corralón y llegan a entrar en la vivienda.

 

            Vecino 1:

            ¡Se han vuelto loscos!

 

            Vecino 2:

            Hay que atarlos a todos y llevarlos al manicomio.

 

            Antón Zotes:

¡Selencio! ¡¡Selencio!! ¡¡¡Selencioooooo!!!.... ¡Que a la mi Catanla se lan´desencajao las quijadas y no puede cerrar la boca!

 

            Barbero:

            Eso lo arreglo yo.

 

            Vecino:

            El barbero dice que lo arregla él.

 

— Ya en pleno silencio, se abre un pasillo entre el Barbero y Catanla Rebollo, sentada en un sillón de mimbre.

— Se ve levantar el brazo con la mano extendida del Barbero sobre las cabezas.

— Éste echa a andar a paso agigantado hacia Catanla y ella al verlo venir amenazante vuelve a pronunciar la aaaaaaa.

— El Barbero suelta un bofetón, que suena de impresión, en la cara de la mujer, que queda durante unos instantes aturdida, al cabo de los cuales se repone y comprueba que ya puede mover la mandíbula.

 

            Catanla Rebollo:

            Aaaaaagua.

 

            Barbero:

            Agua no. Pan, pan duro, para comenzar a jercitar nuevamente las mandíbulas.

 

 

Secuencia 10

Día / Viaje en carro por el camino

 

— Pasamos de Gerundio Chico a Gerundio Muchacho. Y nuevamente vemos a la familia salir en carro de Campazas, por otro camino.

— Sigue Gerundio tan diestro con el tirachinas, acertando de pleno a un racimo de uvas que hay en el majuelo junto al camino.

— Salta del carro para el majuelo y corta un racimo de la cepa. Come del racimo.

 

            Catanla Rebollo:

            Respeta la propiedad ajena, Gerundio.

 

            Gerundio Muchacho:

            Madre, que el racimo que está junto al camino, no es para vino.

            (Monta en el carro.)

 

            Licenciado Patapalo:

            (Voz en off.)

Llegado el tiempo en que Gerundio debía entrar de pleno en los conocimientos de la Gramática, su padre, Antón Zotes, dispuso que el muchacho fuera a estudiar como él a Villagarcía en el internado de teatinos. Pero la disposición de Antón Zotes la indispuso su esposa Catanla Rebollo, que por nada del mundo consentía que su hijo Gerundio fuera a poder de los dichosos teatinos, cuando el propio padre estando en poder de ellos había recibido una somanta de azotes con saña que a poco me lo dejan bobo en una junta de generales, y sólo porque de cuando en cuando les bebía dos o tres azumbres de vino más de las que llevaba su estómago, o porque se iba a divertir decorosamente con las mozas del lugar. Por esas niñerías y otras, los teatinos, en fin, observaron en el cuerpo del padre unas reprimendas de tal calibre, que ella no estaba por la labor de que las observaran en el cuerpo del hijo. Todo un amor de madre. Y de esposa a fin de cuentas.

 

— Mientras escuchamos la voz en off del Licenciado, Gerundio destroza con el tirachinas la cabeza de una mazorca de maíz, a la que acierta en segundo tiro, separa un cardo borriquero seco de su tallo y levanta el sombrero de paja a un espantapájaros.

— Se ve cercano el pueblo al que se dirigen.

 

            Sobreimpresión:

Villaquejida

 

 

Secuencia 11

Día / Plaza de Villaquejida / Entrada a la pensión

 

            Catanla Rebollo:

Cuídate, hijo, come todo lo que te ponga la ama de la pensión, aunque no te guste, para que no enflaqués.

 

Gerundio Muchacho:

Si no me gusta ya veré yo en la despensa de mi propio fardel de Campazas.

 

Antón Zotes:

El sábado viene a buscarte Genaro con la Torda para que pases el domingo en casa.

 

— Se despiden los padres del hijo con efusivos abrazos. Los primeros montan en el carro y parten de la plaza del pueblo.

 

 

Secuencia 12

Día / Galopada por los caminos y cruzando los campos

 

— Las tomas de galopada tienen como protagonista al Licenciado Patapalo. Destáquese que la pierna de palo la emboza el jinete en un estribo que tiene forma de cono.

 

            Licenciado Patapalo:

            (Voz en off:)

Así pues y habiendo en Villaquejida un dómine afamado en toda la Tierra de Campos que sabía de latín más que los romanos en los mejores tiempos de su Imperio, fue por esto principalísimamente que los padres decidieron llevar a Gerundio bajo la disciplina de ese susodicho dómine, para que ilustrara al muchacho en todo lo relacionado con la Gramática. El tal dómine era conocido como Zancas-Largas, no se sabe bien si por su propio nombre o por apodo, porque realmente sus zancas sí que eran largas, como también era de talle largo e incluso la cabeza la tenía alargada. Rara era la casa en la que el sujeto pudiera entrar sin agacharla. La cabeza. Llegados al lugar en que vivía el dómine y luego de hablar con él, los padres dejaron al muchacho en pensión para que así se librara de las idas y vueltas a Campazas, y, sobre todo, de madrugar.

 

— En los últimos compases de la oratoria en off, se ve a los lejos otro pueblo.

 

Sobreimpresión:

Vega de Villalobos

 

 

Secuencia 12 A

Día / Vega de Villalobos / Casa Licenciado Patapalo / Corral

 

— El Licenciado Patapalo entra en el pueblo.

— Se detiene frente al muro trasero de su casa. Desciende del caballo.

— Abre la porterna, y entra con el caballo al corral, en el que destaca a un lado un pequeño jardín con higueras o similares.

— Sobre tabla de lavar, en una pozaleta, lava la Criada de Patapalo. Junto a ella hace costura la Madre.

El Licenciado saca agua del pozo. Bebe por el cazo. Después el agua del caldero la echa en un pilón de piedra para que beba el caballo. Quita la silla y riendas al animal. Entretanto, el siguiente diálogo.

 

            Madre de Patapalo:

            ¿Qué tal se ha dado por el mercado de Campazas?

 

            Licenciado Patapalo:

No se ha dado nada mal, madre, he escrito siete cartas. Además me han invitado a vino y ancas de liebre por un agujero que hay a la entrada de la taberna, donde metí la pata.

 

Madre de Patapalo:

Entonces, hijo, bendita sea esa metedura de pata. De todos modos deberías dedicarte más a los zamoranos y no tanto a los leoneses, que los de esas tierras no son gente de fiar.

 

Licenciado Patapalo:

Madre... Mañana, mira por cuanto, tengo cita con zamoranos, en Villalpando.

 

Madre de Patapalo:

Vino el tío Aguado, que a ver cuando le haces el balance del verano antes de que empiece la vendimia. Y dice que atines con las cuentas, que el otro año no le agradaron nada.

 

Licenciado Patapalo:

¿Y cómo esperaba que le agradasen con las malas cosechas que hubo? Ayyy con Aguado, mal vegués y peor zamorano. Lo visitaré esta tarde después de siesta, a ver si le saco aparte que me invite a merendar en su bodega.

 

Madre de Patapalo:

Deja eso y ve poniendo la mesa aquí en el patio.

 

Criada de Patapalo:

Sí señora.

 

 

Secuencia 12 B

Día-noche / Vega de Villalobos / Casa Licenciado Patapalo / Dormitorio

 

— En atardecer, desde la ventana del dormitorio, se ve la torre de la iglesia del pueblo. Sonido de vencejos.

— La tonalidad de la torre va cambiando a medida que se hace de noche, distinguiéndose el edificio con la luna llena. Silencio.

— El Licenciado enciende las dos velas del candelabro que hay sobre la mesa, y sigue escribiendo. Mientras tomamos estos detalles, oímos su voz en off.

 

            Licenciado Patapalo:

            (Voz en off.)

El dómine Zancas-Largas tenía a sus alumnos bajo una disciplina severísima, y como un mismo concepto lo enseñaba cada día de diferente forma, no hacía más que confundir a los muchachos, por lo que raro era el que no salía de clase con el culo caliente. Como Gerundio le tenía cogido un tanto el tranquillo al extravagante modo de enseñar del dómine, es por ello que conseguía librarse de cuando en cuando de la calentura.

 

 

Secuencia 13

Día / En clase del dómine Zancas-Largas

 

            Zancas-Largas:

            (Azotando a Gerundio Muchacho.)

De modo que teniendo por maestro al cojo Martín de Villaornate, eres capaz de traerme una plana tan vilmente redactada. ¡Al rincón con los brazos en cruz!

(Gerundio Muchacho va al rincón.)

¿De verdad que fue tu maestro el cojo de Villaornate?

 

Gerundio Muchacho:

¡Sí, señor dómine, tal como se lo apuntó mi señor padre!

 

Zancas-Largas:

¡O fortunate date! ¡Oh criatura tú mil veces afortunada! ¡Has deshonrado a tu maestro de Villaornate! Porque muchos cojos famosos celebró la antigüedad, pero, meo videri, en mi pobre juicio todos los cojos antiguos y modernos fueron cojos de teta respecto del cojo de Villaornate; hablo intra suos limites, en su linea de grandísimo maestro de niños, y por eso dije, criatura tú, que has sido mil veces afortunada al tener a ese maestro. ¡O fortunate nate!

 

 

Secuencia 14

Día / En clase del dómine Zancas-Largas

 

            Zancas-Largas:

(Habla gritando, subiéndose y bajándose por las mesas y sillas libres. Resaltamos la altura del personaje con tomas desde el suelo.)

Es un osado todo el que se adelante a proferir que el primer inventor de las dedicatorias fue un fraile mendicante. ¡Blasfemia! ¡Malignidad! ¡Ignorancia supina! Pues, ¿no sabemos que Cicerón dedicaba sus obras a sus parientes y amigos? ¿Y Cicerón fue fraile mendicante? ¿No sabemos que Virgilio dedicó, o a lo menos pensó dedicar su “Eneida” a Augusto? ¿Y fue fraile mendicante Publio Virgilio Marón? Finalmente, ¿no saben hasta los autores malabares que Horacio dedicó a Mecenas todo cuanto escribió, y que de ahí vino a llamarse mecenas cualquiera a quien se dedica una obra, aunque por su alcurnia y por el nombre de pila se llame Pedro Fernández...?

 

Alumno 3:

(Levantando la mano con temor.)

Señor dómine, ¿cómo se hacen las dedicatorias?

 

Zancas-Largas:

(Bajándose de su propia mesa. Calmado.)

Con la mayor facilidad del mundo, pero no con tanta como la de un conde que conocí en Valladolid, que sólo acertó a escribir en el frontis: “AL REY”, con letras gordas, iniciales, sin más principios, ni postres, caireles, ni campanillas.

(Comienza a subir el tono de voz.)

¡¿Al Rey?! Pero, ¿a qué rey, majadero? Pues la dedicatoria real y correcta sería: “Al poderoso Emperador de dos mundos, al Émulo del Sol, Febo subliminar en lo que domina, como el celeste en lo que alumbra, al Archimonarca de la Tierra. Al Depósito real de la Clemencia, al coronado Archivo de la Justicia, al Augusto Tesoro de la Piedad, al Escudo Imperial de la Religión, al pacífico, al benéfico, al magnético, al católico Rey de las Españas, Fernando el Sexto, Pio, Feliz, siempre Augusto”.

(Tomamos parte de esta oratoria para conectar con la secuencia siguiente.)

 

 

Secuencia 15

Noche / Pensión / Dormitorio de muchachos

 

— El dormitorio, en buhardilla, es ocupado por Gerundio Muchacho y cuatro más. Entra la luz de la luna por la ventana. Se levantan todos y se reúnen en el centro. Hablan en voz baja siempre.

 

            Muchacho pensionista 1:

Como nos descubran, el ama de la pensión hace de nosotros estofado para el almuerzo de los arrieros.

 

 

Gerundio Muchacho:

Y tú, ¿por qué vas como si estuvieras meando?

 

            Muchacho pensionista 2:

Procuro que los calzones no me rocen el culo, porque los azotes del dómine Zancas-Largas me lo han dejado a caldo.

 

Gerundio Muchacho:

Es que hay que ver cómo arrea el dómine cuando te pilla con el discurrir atontado. Pues entonces tú vigila con éste el corredor y la escalera. Nosotros tres ponemos los bramantes. Preparemos antes los nudos corredizos.

 

Muchacho pensionista 1:

¿Se los ponemos a todos?

 

Gerundio Muchacho:

¡Anda que va bueno! Ahora eres tú el que tiene el discurrir atontado. Si se los ponemos a todos quién pasa por autor de la cabronada.

 

 

Secuencia 15 A

Noche / Pensión / Dormitorio de arrieros

 

     En el corredor, Gerundio Muchacho abre la puerta de enfrente.

 

Muchacho pensionista 1:

¡Vaya que roncan los arrieros!

 

Gerundio Muchacho:

No os extrañe después de la colección de jarras de vino que aviaron durante la cena.

 

— En total son seis los arrieros en el dormitorio. A los tres cercanos a la puerta, les atan el bramante en nudo corredizo al dedo gordo del pie. A dos de ellos, el otro extremo del bramante lo atan a la parte trasera de la cama.

Gerundio Muchacho se encarga de atar el bramante al dedo del arriero más cercano a la puerta. Al salir, pasa el bramante por debajo de la puerta, y al cerrarla enrolla el extremo del bramante en tensión al picaporte de la misma.

 

            Gerundio Muchacho:

            Vamos a ver ahora cómo es una riña entre arrieros.

 

Gerundio Muchacho tensa aún más el sedal tirando de él y del otro lado (toma de detalle) el arriero gime de dolor, pero no más que se incomoda en la cama.

— Sigue tensando, el arriero se da la media vuelta y grita de dolor.

 

            Arriero 1:

            ¡Ayyyyy, ¿quién demonios me muerde el pie?! ¡Como lo pesque lo mato!

 

            Arriero 1:

            ¡¿Quién me muerde a mí?!

 

— Se corta el sedal de la puerta y el extremo de este lado Gerundio Muchacho lo desenrolla del picaporte. Los muchachos se vuelven a su dormitorio y pegan el oído a la puerta.

 

            Voces en off de los arrieros:

    ¡Mameluco, nunca hubo hijo de madre que me hiciera a mí semejante pifia!

    ¡Ni a mí!

    ¡Que yo no he sido! ¡Seguro que ha sido este majadero! ¡Aaaayyy que estacazo!

    ¡¿Entonces has sido tú?!

    ¡Juro por Dios, por la Virgen y por el Espíritu Santo que yo no he sido! ¡Han sido ellos!...

 

Ama de la pensión:

(Aparece con candelabro por el corredor.)

¡Pero qué guirigay de arrieros es ese que va a despertar e todo el personal de la pensión y a todo Villaquejida!

 

Gerundio Muchacho:

Volvamos a la cama por si le da por entrar al alma.

 

 

Secuencia 16

Día / Casa de Antón Zotes / Corralón

 

            Licenciado Patapalo:

            (Voz en off.)

Cinco años, cuatro meses, veinte días, tres horas y siete minutos gastó nuestro Gerundio en aprender las impertinencias gramaticales y latinales del dómine Zancas-Largas, teniendo un comportamiento ejemplar tanto como estudiante como pensionista, salvo excepciones que no son dignas de mención. Su instrucción en los estudios no le costó más que cuatrocientas y diez vueltas de azotes, que apenas salen tres por cada semana, lo que es de admirar teniendo en cuenta cómo se las gastaba el señor dómine. A mediados de aquel verano pasó por la casa de los Zotes el Padre Provincial de cierta orden y su comitiva, destacando en ella un Lego Catequista, rollizo, despejado, mañoso y de pujanza, que en los caminos servía para los menesteres de las posadas, y en los conventos para los oficios de celda.

 

El Lego Catequista y Gerundio Joven pasean por el corralón mientras discurre la voz en off.

 

            Lego catequista:

... Porque en el mundo, amigo mío, no hay mejor vida que la de fraile, y usted, que por cuenta de ese dómine que me comenta de Villaquejida ha llegado a dominar las gramáticas castellana y latina, puede ser un día no muy lejano un grande predicador si se ejercita de vida religiosa en nuestra orden, donde hasta el más adobe tiene ración segura. Y en asistiendo al coro, santas pascuas. Con su ingenio seguro que llega como poco a maestro, pero me consta que llegaría a predicador si se lo propone.

 

Gerundio Joven:

¿Y a quien le tengo que proponer, señor catequista?

 

Lego catequista:

Je, je, je... Pues, hombre, no quería decir que propusiese usted a nadie, sino que usted se lo propusiera a sí mismo, pero puestos a proponer, propóngalo al Padre Provincial de nuestra orden.

 

Gerundio Joven:

Esta misma noche, después de la cena, le pido a su Padre Provincial de usted que me admita en su orden de él, y que sea él mismo quien me imponga el hábito.

 

— El Lego Catequista abraza a Gerundio Joven y le hace entrega de dos corazones de alcorza, un escapulario con cintas doradas y el escudo de la orden.

 

            Gerundio Joven:

            Con estos presentes que usted me entrega ya me siento predicador.

 

 

Secuencia 16 A

Noche / Casa de Antón Zotes / Sala Principal

 

— Reunidos durante la cena los de costumbre, más el Padre Provincial, el Lego Catequista y la comitiva de la orden.

— El Lego Catequista está en un puesto en el que el Padre Provincial le da la espalda mientras habla a Gerundio Joven. El Lego Catequista hace gestos a Gerundio como dándole a entender que no haga caso a lo que le dice el Padre Provincial.

 

            Padre Provincial:

            (A Gerundio Joven.)

¿Pero estás seguro, hijo mío, de lo que es el estado religioso? Es una cruz en que se enclava el alma con los tres votos religiosos, desde el mismo punto en que los hace, y no se desprende de ella hasta que expira. Como nunca has tratado más religiosos que los que la caridad de nuestros hermanos tus padres hospedan cristiana y piadosamente en su santa casa, temo que alguno menos prudente (pues no podemos negar que en todas partes los hay) te haya pintado la religión como aquel pintor que para ocultar la deformidad de Filipo, padre de Alejandro, a quien le faltaba un ojo, le pintó a medio perfil, representándole sólo por aquel lado de la cara que no era defectuoso, y cubriendo el otro con el lienzo...

 

 

Secuencia 17

Día / Casa de Antón Zotes / Saliendo del corralón

 

— Despuntando el sol. El pueblo reunido ve partir en cabeza a los componentes de la orden. Detrás, en carro, Gerundio Joven y sus padres; Gerundio sentado en la parte trasera saludando. El carro es conducido por el criado Genaro. Cierra la comitiva montado a caballo el capellán Quijano de Perote, y a su lado su ayudante, en burro.

— Varias tomas de la comitiva por los caminos. Convendría aquí, sobre todo, un fondo musical.

—Toma de llegada de la comitiva ante la fachada del Convento 1.

 

 

Secuencia 18

Día / Convento 1 / Capilla

 

            Capellán Quijano de Perote:

Siendo como soy el Capellán Quijano de Perote de Campazas y padrino de Gerundio, alias Zotes, sírvase aceptar usted esta costa, como Prelado que es de esta casa, por la entrada en el noviciado de la misma de mi ahijado.

 

Prelado de Convento 1:

(Tomando la bolsa llena de monedas.)

Dios se lo tendrá en cuenta en la otra vida, don Quijano de Perote, y en ésta, Gerundio Zotes.

 

Capellán Quijano de Perote:

Y ustedes, padre Prelado.

 

Padre Provincial:

Como cosa mía, dejo recomendado al Prelado y al Maestro de Novicios del convento al joven Gerundio de Campazas, alias Zotes, a quien de mi propia mano pongo solemnemente el hábito de la orden (el Lego Catequista le entrega el hábito para que se lo ponga a Gerundio), consintiendo en ser del novicio su padrino de hábito.

 

— El Padre Provincial ordena arrodillarse a Gerundio, que ya viste de fraile, conminándole con un gesto de mano sobre el hombro. El Padre Provincial comienza a orar en voz baja frente al novicio haciendo varias señales de la cruz.

— Los padres de Gerundio, abrazados de costado, lloran de emoción.

 

 

Secuencia 19

Día / Convento 1 / Sacristía

 

            Fray Sacristán:

Maestro de Novicios, cuando fray Gerundio anda por los dominios de la sacristía para ayudar a misas, se acaba el vino de éstas a la mitad de la mañana. En lo que toca al zumo de uva, deja ésta más limpia que la sacristía Prado. Y vea los jesuses vacíos de vino, que juraría que los había llenado a primera hora.

 

Maestro de Novicios:

Es culpa de sus ojos, fray Sacristán, que ven mal a fray Gerundio desde que entró bajo recomendación en el convento.

 

Fray Sacristán:

¡Que no son mis ojos, que me remito a las evidencias, Maestro de Novicios! Pues por esa regla de tres, también le ven mal los ojos del refitolero, pero el caso es que me dice que cuando el tal alias Zotes ése anda por la cocina para ayudarlo a preparar los refectorios, a cada vuelta de cabeza o descuido se va evaporando el vino como si estuviera hirviendo.

 

Maestro de Novicios:

Está bien, tendré en cuenta lo que me ha dicho.

 

Fray Sacristán:

Me extraña, siendo como es su queridito. Ese novicio se está aprovechando de su bonura de usted. Y con eso de que es recomendado y ahijado del Padre Provincial, cualquiera le dice nada al mozo de Campazas. Alguien que le llamó la atención se vio al día siguiente de marranero y limpiando pocilgas. No seré yo quien llame la atención a fray Gerundio, no vaya a ser que luego el padre nuestro Prelado del Convento me la llame a mí y me vea ipso facto fuera de la sacristía. De marranero y hecho un marrano.

 

 

Secuencia 20

Día / Convento 1 / Despensa

 

Gerundio Joven pasa por delante de la despensa y al ver la puerta abierta se cerciora de que no hay nadie por las cercanías. Entra en ella y de una cesta de huevos toma media docena que guarda bajo el hábito.

 

 

 

Secuencia 21

Día / Convento 1 / Celda del Maestro de Novicios

 

            Gerundio Joven:

            (Sentado junto al Maestro de Novicios.)

... Y entonces, padre Maestro, no bien sé si tuve la pesadilla por haber pecado en sueños con aquella zagala de mi pueblo, o me vi en una pesadilla al sentirme, ya despierto, la entrepierna mojada de lo que no tiene nada que ver con lo que se entiende finamente por aguas menores. En cualquier caso o en todos los casos conforme a lo que refiero, noto yo en mi alma que he pecado y le pido a su reverendísima que me imponga una penitencia que conlleve una fragelación en toda regla, para que no se me vuelvan a ocurrir esa clase de ensueños, y para que al autotorturarme me sienta aliviado, arrepentido y limpio de mi terrible falta.

 

Padre de Novicios:

(Llorando de felicidad.)

Ooohhh, dichoso tú por tu sinceridad en la confesión, hijo mío, mas no temas haber pecado, porque no lo has hecho. El hombre no es responsable de sus actos en sueños, salvo cuando los lleva a la práctica, ni de las consecuencias que de ellos se deriven en el cuerpo. Cuando el hombre duerme el espíritu no está facultado para dominar la carne, que vive en medio de ilusiones o pesadillas durante el sueño. Pero ya en sueños o despierto, como me dices, eres capaz de vivir una pesadilla cuando sientes que pecas, luego significa que, aunque pecaras, que no es el caso tuyo, paralelamente te vas arrepintiendo. Entonces significa que tú ni pecas aunque a ojos de los demás pecaras despierto, porque te arrepientes al mismo tiempo. Vete en paz que no mereces castigo, hijo mío.

(Se pone en pie y abraza a Gerundio, que también se ha puesto en pie, y al abrazarlo chascan los huevos y comienzan a chorrear claras y yemas.)

¿Qué es esto, hermano fray Gerundio?

 

Gerundio Joven:

Padre, yo se lo diré a su reverencia. Como ha dos meses que su reverencia me dio licencia para tomar disciplina en las espaldas, por no poderla ya tomar en otra parte, se me han hecho unas llagas, y llevaba estos huevos para ponerme una estopada. Y no me atreví a decirlo a su reverencia, porque su reverencia no me privase del consuelo de esta corta mortificación.

 

— El Maestro de Novicios prorrumpe en sollozos e intenta abrazar a Gerundio sin tener contacto con él por delante ni ponerle las manos por detrás en la espalda.

           

Maestro de Novicios:

            Ve a mudar de saya y escapulario, hermano fray Gerundio.

 

 

Secuencia 22

Día / Viaje por el camino en burro

 

Gerundio Joven monta de lado en el burro colgando del otro lado la bolsa de viaje.

— Se detiene. Bebe vino de la bota.

— En una fuente se refresca los pies y deja que beba el animal. Echa otro trago de la bota.

 

            Licenciado Patapalo:

            (Voz en off.)

Con estas trazas pasó nuestro fray Gerundio su noviciado, y hizo su profesión inoffenso pede, es decir sin fallos, sin que le faltase el voto. Y como todavía duraba el provincialato de su padrino de hábito, este Padre Provincial le envió luego a estudiar las artes a otro convento, uno de los más graves de la provincia, sin que pasase por la regular aduana de corista, por dos o por tres años, como pasan los demás frailes en canal que no tienen arrimo. Quiere decirse, padrino. En su nuevo destino habría de cruzarse, entre otros, con un tal fray Toribio, que se las daba a sí mismo de lector de artes; el padre predicador mayor de la casa, fray Blas, azote de los concursos; y un ex­-provincial más anciano de años que de espíritu, el reverendísimo padre fray Vítor.

 

            Sobreimpresión (cuando se ve el pueblo a lo lejos):

Colmenar de Abajo

 

Gerundio Joven se detiene ante la fachada del Convento 2 y echa otro trago a la bota, que ya está vacía porque sólo sale aire.

— Fundido en negro.

 

 

Secuencia 23

Día / Convento 2 / En clase de fray Toribio

 

Fray Toribio se desgañita mientras explica en el aula.

Gerundio Joven hace signos claros de desesperación de no entender nada.

 

            Fray Toribio:

            (A voz en grito.)

Porque todo lo que existe es ente. Si se ve y se palpa es ente real, físico y corpóreo; si no se puede ver ni palpar, porque no tiene cuerpo, como el alma y todo cuanto ella sola produce, es ente verdadero y real, pero espiritual, inmaterial e incorpóreo. ¿Estamos?

 

Gerundio Joven:

¿Y no debe entenderse por ente otra cosa que un hombre, por ejemplo, irregular o risible por algún camino? U, otro ejemplo, ¿un fantasma que se corporea e incorporea  a voluntad?

 

Fray Toribio:

¡No no no no! ¡No deben entenderse por entes esas majaderías que te inventas, fray Gerundio!

Gerundio Joven:

Padre nuestro lector de artes fray Toribio, cada día me confunde usted más. Me confunde tanto como el padre que nos enseña las ciencias físicas al decir no sé qué cosa incongruente sobre la sustancia, cuando yo tengo bien aprendido en mi casa que la sustancia no es ni más ni menos que el caldo de gallina. (La clase entera se echa a reir.) No se rían ustedes, no, que es verdad lo que digo.

 

Fray Toribio:

A ver, explícate.

 

Gerundio Joven:

Pues lo que digo. Cuando en mi casa alguien se pone enfermo, mi madre dice: “Voy a darle una sustancia”. Y mi señora madre Catanla le lleva al momento la sustancia que, digo, es lo que he dicho, el caldo de gallina.

 

Fray Toribio:

¡A ti sí que te voy a dar yo una sustancia, fray Gerundio, en forma de sopapo!

 

 

Secuencia 24

Día / Convento 2 / Celda de Fray Vítor

 

            Fray Vítor:

            Adelante.

 

            Fray Blas:

            ¿Me mandó llamar su reverendísimo ex-provincial padre nuestro fray Víctor?

 

            Fray Vítor:

Adelante y no me adose tanta alcurnia, padre nuestro predicador mayor de la casa fray Blas. Tome asiento, por favor...

 

Fray Blas:

Usted dirá.

 

Fray Vítor:

Fray Blas, soy un viajo fraile que descargado de mi responsabilidad de provincial de la orden en lares lejanos, he decidido venir a terminar mis días en este convento del pueblo de Colmenar de Abajo, que es la patria chica que me vio nacer.

 

Fray Blas:

Lo sabemos y nos alegra que esté entre nosotros.

 

Fray Vítor:

Siempre he tenido en gran estima esta casa y a todos cuantos la habitan. Reconozco en usted como padre predicador mayor de la misma una gran facilidad de palabra, talento y don de gentes, por lo que no me extraña que le llamen el “Azote de los concursos”.  Pero... pero mi consejo es, mi humilde consejo, que no adorne sus sermones con coletillas infundadas, porque el fin de un orador cristiano, y no cristiano, no es agradar al auditorio, captar aplausos, granjear crédito, hacer bolsillo y solicitar convenenzuelas. No es de extrañar, pues, que gracias a sus sermones siempre se halle en su celda un polvo de buen tabaco, una jícara de chocolate, un par de mudas de ropa blanca... Tiene bien proveída la frasquera y, finalmente, no faltan en su naveta cuatro doblones para una necesidad.

 

Fray Blas:

Ya veo que tiene buena memoria del día que me sinceré con su reverendísima.

 

Fray Vítor:

Nunca sale a predicar sin que traiga cien misas para el convento, lo cual, todo hay que decirlo, es digno de reconocer a su maestría como orador... Mas al que predica la palabra de Dios, fray Blas, lo menos que debe guiarle es el interés por ganar dones en este mundo...

 

Licenciado Patapalo:

(Voz en off.)

Así, sin rechistar, estuvo escuchando fray Blas el sermón particular que le espetó durante dos horas de reloj, o más, el ex–provincial fray Vítor. Escuchando con una contenencia tal, que cualquiera se persuadiría que el padre predicador quedaba convencido, persuadido y trocado en otro hombre. Pero no.

 

Fray Blas se levanta y sale de la celda dando un enorme portazo, cuyo eco se oye en todos los rincones del convento. Sucesión de tomas.

 

 

Secuencia 25

Día / Convento 2 / Celda de Fray Blas

 

            Gerundio Joven:

(Poniéndose en pie al entrar fray Blas.)

Buenas tardes, padre predicador fray Blas. Por el talante que trae me acomodo a creer que ha estado discutiendo con el mismísimo diablo.

 

Fray Blas:

¡Ojalá! Tómate unos dulces de la naveta si te apetece. Chico, me han entretenido tanto, que tengo gana de cierta cosa, así que con tu licencia...

 

Fray Blas pasa a la alcoba de la celda y corre la cortina.

— Gerundio Joven, mientras tanto, acaba con todos los dulces del recipiente.

— Sale Fray Blas de detrás de la cortina y se percata con gran extrañeza de que no queda ningún dulce en el recipiente.

 

            Fray Blas:

Ya sabes que mañana voy a Cervico de la Torre a predicar del patriarca San Benito, en su ermita del Otero. Es voto de villa, Pascua de flores, y hay romería, y el sermón es de los de a oncita de oro. Título y asunto: “Ciencia de la ignorancia, en la sabia ignorancia de la ciencia”.

 

Gerundio Joven:

¡Qué título más soberbio para el asunto!: “Ciencia de la ignorancia, en la sabia ignorancia de la ciencia”. ¿Qué quiere decir?

 

Fray Blas:

No quiere decir más que lo que dice San Pablo, que “la ciencia de los santos es la verdadera sabiduría, y que la sabiduría de este mundo es verdadera ignorancia y estulticia”.

 

Gerundio Joven:

¿Con que eso no más quiere decir?

 

Fray Blas:

Sí.

 

Gerundio Joven:

Pero, ¡válgame Dios! ¿Quién lo adivinara? Otro que no fuera vuestra paternidad diría sencillamente: “San Benito supo lo que le convenía saber, e ignoró lo que no importaba ignorar”. Estoy rabiando por oír ese sermón, aunque no sea más que la salutación.

 

Fray Blas:

Vamos a ella. Aquí está el cartapacio sobre la mesa. Ten presente que estamos en primavera, que es Pascua de flores, y que la ermita del santo está en el campo, y oye: “Al celebrado dios del regocijo consagraba la Grecia, Esparta y Tesalia festivos solemnes cultos el día 27 de marzo”... (Golpean fuertemente a la puerta.) ¿Quién es?

 

Padre Prior:

El Padre Prior.

 

Fray Blas:

Pues adelante con prioridad.

 

Padre Prior:

Buenas tardes. ¿Qué hace aquí perdiendo el tiempo, fray Gerundio, sin estar en su celda estudiando? ¿O es que ya lo sabe todo?

 

Gerundio Joven:

Efectivamente lo sé todo, padre nuestro Prior.

 

Padre Prior:

¡¿Quéee?!

 

Gerundio Joven:

Quiero decir todo lo que he aprendido. Verá, he venido de parte de mi madre a dar a fray Blas la limosna de tres misas, para que las mande decir en el altar de San Benito del Otero, porque ella ha parido un niño quebrado, y para que se desquebraje nada como unas misas a San Benito del Otero.

 

Padre Prior:

No sé como se las arregla, fray Gerundio, pero siempre tiene una excusa a punto para estar en cualquier parte que no le corresponde del convento, excepto cumpliendo con el estudio en su celda. Eeehhh, bueno bueno, está bien. Vuelva a ella que he de hablar de cierto asunto privado con el padre predicador.

 

 

Secuencia 26

Día / Convento 2 / Celda de Fray Gerundio Joven

 

            Gerundio Joven:

            Adelante.

 

            Señor Beneficiado:

            ¿Es usted fray Gerundio?

           

Gerundio Joven:

El mismo que vive bajo este hábito.

 

Señor Beneficiado:

Hhhmmm, yo soy un beneficiado de esta villa de Colmenar de Abajo, estudié Filosofía y Teología, y habiendo sido opositor en Toledo y de ganarme allí uno de los mejores curatos, opté por renunciar a él con pensión porque aquella tierra me probaba mal. Vuelto a mi patria chica, con la pensión y dedicado al confesionario de la parroquia principal de la villa, me doy por satisfecho.

 

Gerundio Joven:

¿Y qué?

 

Señor Beneficiado:

Pues que precisamente el Padre Provincial que apadrinó su hábito y yo estudiamos juntos en Toledo. Me ha escrito una carta hablándome muy bien de usted y de su familia, por lo que deseaba conocerlo.

 

Gerundio Joven:

¡Vaya, pues buena visita la que tengo! Siéntese, señor Beneficiado.

 

 

Señor Beneficiado:

Si no es indiscreción preguntar, ¿a qué se dedicaba?

 

Gerundio Joven:

Habrá una hora que acabé de trasladar un sermón, y, cansado de escribir, me puse a leer. Me ha sacado de quicio el sermón, un sermón para el Día de Todos los Santos, porque no tiene ni pies ni cabezas.

 

Señor Beneficiado:

Hay algunos que se las dan de sermonistas, amigo mío, como quien se las da de obispo. Verdaderamente el púlpito cristiano, singularmente en España, está corrompido.  Lo cual es debido a tres causas: a la poca o ninguna estimación que hacen del púlpito los que ordinariamente nombran a los predicadores; a la poca o ninguna aplicación de los mismos predicadores nombrados, que no se dedican a instruirse en su facultad y a hacerse maestros en ella; y, finalmente, al mal gusto de los auditores, que aplauden lo que debieran abominar, y abominan lo que debieran aplaudir. Y... ¿qué leía?

 

Gerundio Joven:

¿Eh? ¡Ah, sí! El libro más guapo que he leído.

 

Señor Beneficiado:

¿Cómo se intitula?

 

Gerundio Joven:

¿Intitula? Intitula, intitula... ¡Oh, sí sí, ya! Ya no me acuerdo. ¿El capuchino? No. El barbón? Tampoco. ¡Si está aquí el libro, diantre! Eso es, “Barbadiño”. Bueno, “Barbadiño” es el sobrenombre que se da el autor, el título de su obra es “El verdadero método de estudiar”.

 

Señor Beneficiado:

Ah, sí, un libro muy polémico entre los catedráticos. Está escrito en portugués por un capuchino de la congregación de Italia. Pero, fray Gerundio, usted entiende la lengua portuguesa.

 

Gerundio Joven:

Toda no, señor. Tanto como una docena de palabras, aunque con ellas me bandeo: pregador, evangelho, sermoes, fiéis, y así otras de este tenor. Y como por el hilo se saca el ovillo, por unas palabras saco otras, y acá a mi modo formo el concepto de lo que quiere decir el Barbadiño.

 

Señor Beneficiado:

No se puede negar que usted tiene muita cosa boa.

(Saca la caja, toma un polvo, estornuda y se limpia.)

¿Y qué va sacando en limpio de lo que dice el Barbadiño?

 

Gerundio Joven:

Pues que acá, en España, se estudian cuatro años de Teología, asistiendo a cuatro cátedras, en las cuales se explican cada año dos materias de teología escolástica, una de moral, y otra de Escritura Sagrada a la que ningún estudiante concurre, porque dicen que sólo es buena para los predicadores. Y en esto, en verdad que tiene razón; porque en este nuestro convento, por lo menos, donde también hay estudios de Teología, yo no he visto otro modo de enseñarla como critica Barbadiño, y discurro que lo mismo sucederá en los demás. Y coincido con Barbadiño cuando dice que tratan pésimamente la Teología.

 

Señor Beneficiado:

No, padre colegial fray Gerundio, el Barbadillo a lo sumo prueba que el método de enseñarla no es bueno, mas lo prueba no desde una perspectiva ética, como debiera, porque al cabo de cuatro años es poca la Teología que se trata, ni bastan, pues, para que el estudiante salga hecho teólogo.

 

Gerundio Joven:

¿Acaso hay que estudiarla hasta morir de puro viejo para saber de Teología? Si ya hay bastantes arengas en las cátedras durante cuatro años, para qué queremos más.

 

Señor Beneficiado:

¡¿Cómo es posible que diga eso!? Yo cuando estudiante traté con estudiantes de Salamanca, Alcalá, y Valladolid, e incluso de Coimbra, y ninguno fue tan zopenco de creer que la Escritura Sagrada es arenga o que no sirva para nada al teólogo. Ninguno puede llamarse teólogo consumado si sólo está medianamente versado en la teología escolástica. Y a la vista de esto, mi padre fray Gerundio, ¿se confirma usted en su opinión, con autoridad del tratado de Barbadiño, de que la teología escolástica es inútil y aun perjudicial, y en que no quiere estudiarla?

 

Gerundio Joven:

Y dale. ¿Para qué quiero estudiarla si mi interés no está en ir por las cátedras enseñándola, sino por púlpitos para predicar?

 

Señor Beneficiado:

¿Pero para predicar qué?

 

Gerundio Joven:

Lo que es menester. El día que lluevan albardas, estudiaré teología escolástica.

 

Señor Beneficiado:

 Y si llovieran, se malograrían todas las que no cayesen sobre las costillas de usted. Buenas tardes.

 

 

Secuencia 27

Día / Convento 2 / Celda de fray Blas

 

— El cura Señor Beneficiado y los frailes Padre Prior y fray Blas, conversan en la celda del último sin que en principio se oiga sonido del diálogo, como si estuvieran maquinando algo.

 

            Señor Beneficiado:

Señores míos, me temo que su padre colegial fray Gerundio solo atiende a la filosofía que le compete a sus intereses por ser predicador cuanto antes. El estudio de cualquier materia teologal lo tiene echado en desidia.

 

Padre Prior:

Ese mocoso está comprando el collar antes que el galgo. ¿Qué puede predicar un siervo de la Iglesia Católica sin tener conocimientos profundos de Teología? Bien, como el movimiento se demuestra andando, veamos de lo que es capaz nuestro padre colegial fray Gerundio. Fray Blas, como padre predicador mayor que es usted de la casa, le encargo que le encargue a fray Gerundio un sermón doméstico, de refectorio, que tenga algunas circunstancias. Pero aparte de esto le prevengo que no se lo componga, porque como ese muchacho hipa tanto por el púlpito, tenemos que saber exactamente lo que da de sí. ¿Entendido, fray Blas?

 

Fray Blas:

            Entendido, padre nuestro Prior.

 

            Padre Prior:

Vamos a darle de plazo dos semanas para que componga su sermón. Me parece un tiempo razonable y justo para un principiante, ¿no es así?

 

Fray Blas:

Muy razonable y justo, padre nuestro Prior.

 

 

Secuencia 28

Día / Convento 2 / Celda de Gerundio Joven

 

Fray Blas entra raudo en la celda de Gerundio Joven.

 

            Gerundio Joven:

¿Ya volvió, padre predicador? Cómo fue su sermón de San Benito en Cervico de la Torre?

 

Fray Blas:

Amigo mío, a pedir de boca, porque la ermita del Otero se hundía a carcajadas. Pero lo importante que me trae es que como muestras tanta inclinación a sermo sermonis, el padre nuestro Prior me ha dado a entender que quiere sacarte de la carrera de los estudios para que te apliques más en la del púlpito. Yo te iré dando unas reglecitas a su debido tiempo. Me ha encargado que te encargue un sermón de refectorio para ver hasta donde llegas. Cuentas con dos semanas de plazo para que lo prepares. Yo no he de soplarte nada, por lo que todo ha de salir de tus cascos, señor Zotes.

 

Gerundio Joven queda paralizado durante un instante. Finalmente abraza a Fray Blas.

 

            Gerundio Joven:

¡Lo imitaré en la compostura! Porque su compostura, padre predicador, es soberbia y señorial.

 

—Gerundio Joven se sube a un taburate. Iguala las puntas delanteras de la capilla, se coloca el cuello con los dedos, mira a todas partes, saca un pañuelo rojo y se suena con autoridad, y saca un pañuelo blanco con el que se limpia los ojos, metiendo cada uno en la manga de donde lo sacó.

—Fray Blas ríe.

 

            Gerundio Joven:

            (Persignándose.)

Alabado sea el Señor de todos los señores y las señoras. Tema: Caro mea vere est cibus, et sanguis meus vere est potus. Ahora una entradilla que recuerdo de habérsela  oído a un padre colegial en sermón precisamente de refectorio, que comienza: “Al pautar las desigualdades de mi grosero pensar, fui desenhebrando las líneas de mi discurso, tirando los primeros barruntos de mi imaginativa hacia el escrutinio del Evangelio Sagrado. Caro mea. ¡Qué elegante está el profeta”... Y ya no me acuerdo de más. Pero conviene ejercitar la gesticulación.

 

Gerundio Joven gesticula como si realmente estuviera predicando. Pero en su ímpetu, al cabo de un rato se ve mareado y cae.

 

            Fray Blas:

            (Ayudándole a levantarse.)

Aunque no decías nada, lo pareciera, fray Gerundio, porque tienes los sermones en las manos. Sí puedo apuntarte unas circunstancias en torno a las cuales deberá girar tu sermón. Ya sabes que en la parroquia de la Santísima Trinidad hay una capilla dedicada a Santa Ana, que pertenece a la cofradía de la Santa, a quien la misma cofradía celebra una fiesta muy solemne. Ya sabes que este año son mayordomos don Luis Flores y don Francisco Romero, regidores de este pueblo. Y ya sabes, en fin, que estos dos caballeros desterraron a algunas mujeres públicas que habían venido a avecindarse en la villa, destierro sin lugar a duda muy grato a los ojos de Dios.

 

 

 

Secuencia 29

Día-noche / Convento 2 / Preparativos del sermón

 

— La presente secuencia es una sucesión de tomas de trabajo y estudio por parte de Gerundio Joven. Investigación en la biblioteca del convento. Leyendo por el huerto. Leyendo hasta cuando hace sus necesidades. Dejando su sitio vacío durante las comidas en el refectorio, durante las clases en el aula. Escribiendo hasta que canta el gallo. No se afeita. Fray Blas entonces le lleva el desayuno, y lo encuentra dormido sobre la mesa.

 

 

Secuencia 30

Anocheciendo / Galopada

 

— Sucesión de tomas del Licenciado Patapalo sobre caballo al galope.

— Población al fondo.

— Advirtamos en esta galopada, como en la anterior, como en tomas similares, cómo es realmente el paisaje de Tierra de Campos, dependiendo, lógicamente, de la estación del año.

 

            Sobreimpresión:

Valderas

 

 

Secuencia 31

Noche / Fiesta de Carnaval / Baranda

 

— Abrimos cámara en Valderas frente a lo que fuera en su momento un seminario, en la actualidad residencia de ancianos.

— Los tres Ladrones están sentados en la baranda de piedra que delimita la meseta anterior a la fachada del edificio. La calle queda ligeramente más baja y por ella discurre la gente disfrazada. A lo lejos, entre la multitud, se ve llegar al Licenciado.

 

            Ladrón 1:

            Ved quien viene por ahí.

 

            Ladrón 2:

            ¿Y quién viene?

 

            Ladrón 1:

El licenciado más famoso que yo conozca de toda Campos. El Licenciado Patapalo. ¡¿De qué va disfrazado, Licenciado?! ¿De pirata? (Risas. El licenciado pasa de largo sin inmutarse por debajo de la baranda.) Este individuo no se mueve nunca sin llevar una bolsa bien surtida de monedas. Tengo entendido que fue un alto oficial del ejército y que perdió la pierna en una batalla en colonias de ultramar, así que tiene que tener una pensión más que decente por lisiado en combate. Eso sin contar con lo que gana a cada paso que da, pues sabiendo de letras y números más que un obispo, que por eso es licenciado, se las ingenia para encontrar clientes por doquier que precisen de sus servicios con la pluma.

 

Ladrón 3:

Lo que da de sí la sabiduría.

 

Ladrón 1:

En una noche de carnavales como ésta me gustaría saber lo que lleva en la bolsa.

 

Ladrón 3:

¿Y para qué lo quieres saber?

 

Ladrón 1:

¿Tú que crees?

 

Ladrón 2:

Oye, si es quien dices, te refieres a un tipo versado en la milicia, o sea a un tipo peligroso.

 

Ladrón 1:

¡Pero qué peligroso ni qué niño muerto! ¿Qué puede oponer a tres como nosotros uno con bastón y pata de palo?

 

 

Secuencia 32

Noche / Fiesta de Carnaval / Bajo el arco

 

— Al entrar el Licenciado bajo el arco, da de frente con Matilde de Lera y Virtudes que vienen a paso ligero perseguidas por unos muchachos. La primera tiene un parche en el ojo derecho porque realmente es tuerta.

 

            Licenciado Patapalo:

¡Oh, perdón! ¿Qué hacéis, rufianes? ¿No os da vergüenza molestar a las damas? ¡Así os vale escondidos tras la máscara!

 

Matilde de Lera:

Muchas gracias, caballero. Esos muchachos ya nos estaban haciendo la vida imposible, como somos forasteras en el lugar...

 

Licenciado Patapalo:

Estando ustedes tan bellas y lustrosas no es de extrañar, aunque cierto es que nadie puede tomarse la libertad de molestarlas, ni aun estando en carnavales. No sabía que hubiera mujeres piratas en Tierra de Campos, tan alejada de la orilla del mar.

 

Matilde de Lera:

Ni yo hombres piratas.

 

Licenciado Patapalo:

¿Y siendo forasteras qué les pinta por acá? ¿Los carnavales?

Matilde de Lera:

No exactamente, que también los tenemos de donde venimos, la villa de Benavente.

 

Licenciado Patapalo:

¿Pues qué?

 

Matilde de Lera:

Mi hermana, casada con el procurador mayor de Valderas, ha dado a luz recientemente. Virtudes, mi dama de compañía, y yo hemos venido a visitarla.

 

Licenciado Patapalo:

Eso está bien, la caridad bien entendida. ¿Se les ofrece algo más? (Se quita el sombrero.) Soy Jonás Fernández, de Vega de Villalobos, licenciado y capitán,  retirado por fuerza mayor (se señala la pierna de palo), del Ejército de Su Majestad.

 

Matilde de Lera:

Ah. Ya presumía yo que no era usted un cualquiera por su forma de expresarse.

 

Licenciado Patapalo:

El nombre de su dama de compañía ya lo dijo, más no el suyo propio de usted.

 

Matilde de Lera:

Matilde de Lera. ¿Nos haría el favor de acompañarnos a casa? Creo que esos zascandiles andan a nuestro acecho, y en cuanto nos vieran solas de nuevo... Además, me temo que, siendo forasteras, no nos pintaría muy bien la velada.

 

Licenciado Patapalo:

Distinguidas damas, será un placer servir de escudos a ustedes.

 

 

Secuencia 32 A

Noche / Fiesta de Carnaval / Paseando por la calle

 

— Tras haber salido del tumulto, Matilde de Lera toma el brazo izquierdo del Licenciado, y a su vez la dama de compañía toma el brazo izquierdo de Matilde.

 

            Matilde de Lera:

            ¿No hay carnestolendas en su pueblo?

 

            Licenciado Patapalo:

Las hay, pero es un pueblo muy pequeño. Ni punto de comparación con las de Valderas. Pero no tanto he venido a la villa a disfrutar de la fiesta como a probar cómo me va jugando a las cartas.

 

Matilde de Lera:

Aaay, el vicio del juego.

Licenciado Patapalo:

Todo es vicio y todo es virtud, distinguida doña Matilde. Depende de cómo se tome uno las cosas.

 

Matilde de Lera:

Eso es muy cierto, licenciado don Jonás. Bien... hemos llegado. Muy amable de su parte por habernos acompañado. Esa es la casa.

 

Licenciado Patapalo:

(Observando la fachada.)

Desde luego que no ha tomado mal partido su hermana.

 

Matilde de Lera:

¿Y usted?

 

Licenciado Patapalo:

Yo aún sigo sin tomar partido y... barrunto que usted también.

 

Matilde de Lera:

Por favor, ¿se le ofrece pasar a tomar un refrigerio?

 

Licenciado Patapalo:

Oh, no no, se lo agradezco de todo corazón, pero para mí sería muy violento abusar de la hospitalidad de la casa de su hermana, a la que no tengo el placer de conocer de nada. Podemos hacer otra cosa. Al lado del camino que sale para Castroverde hay una posada en la que siempre dejo tomando el pienso a mi caballo cada vez que vengo a este lugar. Ahí en esa posada preparan un bacalao a lo Valderas que está de chuparse los dedos. ¿Qué tal si después de los carnavales paso a recogerlas a la hora del almuerzo? De este modo ni ustedes ni yo nos sentiríamos violentos.

 

Matilde de Lera:

Muy bien, don Jonás. Ya se me hace la boca agua sólo de pensar en ese delicioso bacalao. Después de los carnavales nosotras seguiremos por aquí algunos días más.

 

— Desde la distancia, tomamos a los tres. El Licenciado besa la mano de las mujeres y se despide de ellas con un revoleo de sombrero.

 

 

Secuencia 33

Noche / Carnavales / Emboscada

 

— Al pasar por unos matorrales el Licenciado Patapalo, los tres Ladrones, aunque en esta secuencia enmascarados, salen al paso de aquél y lo rodean. El Ladrón 1 se sitúa de frente y va armado con una pistola, mientras los otros dos se colocan a sendos lados luciendo grandes navajas.

 

            Ladrón 1:

            La bolsa o la vida.

 

El bastón del Licenciado es una vaina que esconde una espada de hoja fina, siendo la cabeza de pato la empuñadura propia del arma blanca. Desenvaina la espada y girando en sí mismo sobre la pierna de palo da un lance certero en el cuello del Ladrón 1, al que degüella; siguiendo el giro a la derecha estoquea a la altura del corazón al Ladrón 2, por ejemplo, y finaliza el giro degollando también al último ladrón. Sería interesante que la toma se viera a cámara ralentizada.

— El Licenciado mira a un lado y a otro para comprobar que no han sido vistos por nadie, y a continuación limpia de sangre la espada con la capa del Ladrón 1, para finalmente envainar la espada.

 

            Licenciado Patapalo:

            Ni la bolsa ni la vida, bastardos.

 

 

Secuencia 34

Noche / Carnavales / Posada

 

El Posadero camina con candelabro en la mano junto al Licenciado, que sale de los establos de la posada tirando del caballo.

 

            Licenciado Patapalo:

Posadero, cuando terminen los carnavales téngame lista una buena fuente de bacalao que he de cumplir con un compromiso muy serio.

 

Posadero:

Ya sabe que la fuente de bacalao siempre está lista para usted. Pero ha terminado muy pronto el juego.

 

Licenciado Patapalo:

El mío sí, tan pronto como terminó el dinero que tenía destinado.

 

Posadero:

¿De verdad que no quiere quedarse a dormir? Es más de media noche y no están los caminos para cabalgar libre de sobresaltos.

 

Licenciado Patapalo:

(Montando.)

Correré el riesgo, pero es que fuera de mi cama no suelo reconciliar el sueño. Hasta la vista.

 

Posadero:

Hasta la vista, Licenciado. Vaya usted con Dios y tenga cuidado.

 

 

Secuencia 35

Noche / Casa del Licenciado Patapalo / Dormitorio Criada

 

— En el dormitorio la Criada de Patapalo duerme bocabajo. Es una mujer de edad madura y entrada en carnes. El Licenciado echa para atrás la ropa de cama y sube con fogosidad el camisón de la mujer. Él se baja las polainas y se pone sobre ella.

 

            Criada de Patapalo:

No arme tanto escándalo mi señor porque de seguro que despertará a su señora madre.

 

— Concluido el acto, los dos bocarriba.

 

            Criada de Patapalo:

Debería dar gracias a Dios, mi señor, por tener siempre a mano a esta viuda  siempre dispuesta. ¿Qué fue lo que le produjo esta vez el apretón? ¿Las sotas de las cartas durante el juego o una sota de carne y hueso?

 

Licenciado Patapalo:

Una sota de carne y hueso que he visto en los carnavales de Valderas. Lo que yo daría por hacerle mi esposa.

 

Criada de Patapalo:

Todo es cuestión de intentarlo, pero sobre todo de proponérselo.

 

Licenciado Patapalo:

No hay proposiciones que valgan, mi dispuesta viuda. ¿Qué bella y hermosa mujer, con buenos modales y mejor alcurnia, se casaría con un cuarentón largo como yo, mutilado de guerra, con una maldita pata de palo?

 

Criada de Patapalo:

Entonces siga consolándose conmigo, mi señor, como una servidora se consuela con usted. Sería un milagro que un lisiado como usted, y perdóneme la sinceridad, pudiera aspirar a esa clase de dama que usted me habla. Pero otra vez avise para que a una no le pille tan en frío, porque a un pronto no sabía si soñaba que me tenía debajo, o que en verdad sí que me tenía y me apretaba como las carnes como una fiera salvaje. ¡Y qué modo de apretar!

 

Licenciado Patapalo:

¿Te disgustó, mujer?

 

Criada de Patapalo:

Esta vez menos que nunca.

 

Licenciado Patapalo:

Entonces paréceme que no es sólo consuelo lo que encuentras conmigo, pillina.

 

Criada de Patapalo:

Desde luego que no, mi señor, era una forma de hablar para no pasar por fulana.

 

 

Secuencia 36

Día / Ante la casa de la hermana de Matilde de Lera

 

— El Licenciado monta en el coche tras haber ayudado a subir a Matilde de Lera. Él la mira fijamente, pues lógicamente la encuentra otra vez con el parche en el ojo derecho.

 

            Matilde de Lera:

¿Qué le ocurre, don Jonás? Ya sé que se han acabado los carnavales, pero es que yo no llevo el parche en el ojo como complemento de un disfraz? ¿Prefiere que me lo quite?

 

Licenciado Patapalo:

Perdón por mi atrevimiento e intolerancia, doña Matilde. ¿Y su dama de compañía?

 

Matilde de Lera:

Prefirió quedarse en casa para no aguantar la vela.

 

 

Secuencia 36 A

Día / Comedor de la posada

 

— Sentados los anteriores frente a frente en una mesa, cuando el Posadero termina de servirles la comida.

 

            Posadero:

            Que tengan ustedes buen provecho, Licenciado.

 

            Licenciado Patapalo:

            Muchas gracias.

 

—Cerramos cámara para abrir en un momento en que el Licenciado con la jarra echa vino en los vasos.

 

            Matilde de Lera:

Ocurrió cuando todavía era una niña, durante unos juegos. Iba corriendo y tropecé con tan mala fortuna que fui a caer con la cara sobre una estaca clavada en el suelo que se me incrustó en el ojo. Es un milagro que pueda contarlo porque de haber sido más larga la estaca...

 

Licenciado Patapalo:

¡Qué horror de accidente, por Dios!

 

Matilde de Lera:

Los jóvenes... los jóvenes de mi clase social no me pretenden, sólo me quieren, ya sabe, para pasar el rato. Una esposa tuerta quitaría prestigio a la sala principal de la casa. Sólo me pretenden los viudos, viejos babosos que únicamente le miran a una con ojos lascivos. Soy demasiado joven para atarme a un carcamal.

Licenciado Patapalo:

Como yo, por ejemplo.

 

Matilde de Lera:

Nooo, usted no es un carcamal, don Jonás... todavía. Quiero decir que soy demasiado joven para caer en los brazos de un viejo hacendado que tan sólo verá en mí un trozo de carne con un ojo, aunque supongo que con el tiempo habrá de ser así cuando me falte la protección de mis padres, a los que espero Dios guarde muchos años. Claro que si les guarda muchos, ¿quién pretenderá a una vieja tuerta? Ja, ja, ja...  Entonces, como no puedo aspirar a un joven esposo de mi posición, al menos no hasta el momento, ¿por qué no disfrutar de los juegos amorosos de juventud?

 

Licenciado Patapalo:

Una filosofía demasiado liberal la suya para los tiempos que corren, ¿no le parece, doña Matilde? Con esa filosofía no pretenderá que la gente piense bien de usted. Observar esa conducta le puede hacer mucho daño.

 

Matilde de Lera:

¡Qué daño ni qué gaitas! ¿Cree que puede hacerme más daño lo que piensen de mí que la frustración que me produce la belleza mutilada de mi cara? Usted creyó que el parche del ojo era un complemento de disfraz, dígalo con sinceridad.

 

Licenciado Patapalo:

Sinceramente, sí.

 

Matilde de Lera:

Por eso apostó por esta invitación. De lo que se deduce que me encontró bella y bonita.

 

Licenciado Patapalo:

No se torture, por favor, ¿pues quién le dice a usted que yo no siga encontrándola tan bella y bonita como cuando la vi por primera vez? Le comprendo perfectamente pues yo pasé por la misma frustración. Pero después de los cuarenta me he dado cuenta que no merece la pena vivir con ella, porque la vida aparte de penas también nos depara muchas alegrías que nos salen al paso para que las disfrutemos. Yo he conseguido superarlo y le digo por experiencia que...

 

Matilde de Lera:

Celebro que usted haya logrado el optimismo.

 

Licenciado Patapalo:

Mire, cuando estaba entero tenía la oportunidad de escoger esposa, mas no lo hice. Y, una vez lisiado, pasé de escoger a no tener más remedio que resignarme a ser escogido.

 

Matilde de Lera:

¿Y lo ha sido?

 

Licenciado Patapalo:

Bueno, digamos que me he dejado escoger para la cama, con perdón de la expresión, pero para el altar por nada del mundo consentiría que otra decidiera por mí. Una esposa es para toda la vida y, siendo así, uno sólo puede y debe casarse completamente enamorado.

 

Matilde de Lera:

¿Y usted ha estado enamorado, don Jonás?

 

Licenciado Patapalo:

Locamente, hasta que...  Fui enviado al Perú para cubrir una campaña. Yo era el capitán de una guarnición. Fuimos atacados por una tribu y en la refriega recibí un flechazo en la pantorrilla. En principio la herida no pareció revestir más gravedad que la que se da por supuesta en un caso así, pero pasando los días la gangrena se apoderó de la carne y por bien de mi vida el sanitario no tuvo más remedio que cortar por lo sano, por debajo de la rodilla. De regreso a España, me esperaba una dama hermosísima de la que estaba perdidamente enamorado. Y esa dama esperaba la llegada de un militar altivo, un capitán con un historial intachable al servicio del Ejercito de Su Majestad. Y lo único que vio fue un hombre esquelético, un cadáver andante con la pierna de palo...  Pero, ¡ea, doña Matilde!, que se nos enfría el bacalao.

 

Matilde de Lera:

Es verdad, además tiene aspecto de estar muy sabroso. ¿Y ahora a qué se dedica?

 

Licenciado Patapalo:

Bueno, tomé el oficio de la milicia no sin antes haberme licenciado en Gramática, carrera que por cierto llegué a ejercer de algún modo en el ejército, pues enseñaba a leer y a escribir a los soldados que no sabían. Ahora me dedico a ejercerla por estas tierras de Campos y a escribir historias cuando me queda tiempo libre.

 

Matilde de Lera:

¿Y qué escribe?

 

Licenciado Patapalo:

Ahora estoy escribiendo una novela sobre un fraile.

 

Matilde de Lera:

Ja, ja, ja... ¿Sobre un fraile?