"CAPITALISMO SOCIAL",
Viñetas "ELUCUBRACIONES SISTÉMICAS"
& "COLUMNA DE IMÁGENES"

Artículo 6
Entrega: 30-5-2009


“Del crack por defecto al crack por exceso”
por Jesús Pérez Ramos

El Crack del 29 o Crisis de 1929 fue el mayor desplome hasta entonces conocido de los activos que se cotizaban en el mercado de valores de la Bolsa de Nueva York. Esto coincidió con los inicios de la época conocida como la Gran Depresión, que llegaría a niveles traumáticos en el seno de las clases trabajadoras. Ese crack bursátil fue el primer aviso serio en la historia de las finanzas de las consecuencias que acarrean las prácticas simplistas con las que los liberales entienden y practican la economía de libre mercado. Mas ese primer aviso que ponía en tela de juicio no el sistema capitalista, sino precisamente dichas prácticas con las que por medio de la avaricia se venía desarrollando la economía de libre mercado (en la actualidad, además, por medio de la especulación), digo, ese primer aviso debió de servir de bien poco, porque la Gran Depresión se prolongaría durante toda una década, circunstancia que en cierta medida fue parte de la inspiración con la que un iluminado o iluminados llevaron al mundo a la segunda gran contienda.

         En los ambientes urbanos industrializados, principalmente de Europa, las crispaciones sociales en demanda de mejoras salariales y de condiciones laborales en los tajos (demandas que tenían ya como precedente la revolución bolchevique), sirvieron como piedras arrojadizas a los iluminados que gustaban de arengar con filosofías políticas populistas de corte nacional-fascista.

         Por el contrario, aunque en un ambiente no precisamente industrializado, sino más bien rural y antiburgués-monárquico, las crispaciones sociales en España devinieron en un sistema de gobierno republicano a través de participación popular y democrática. Pero si las crispaciones en la Península Ibérica habían sido en el seno de las clases trabajadoras, con la República democrática aquellas se trasladaron a la alta burguesía y al alto clero con el beneplácito de una parte de la jefatura militar (y paramilitar fascista-sindicalista de ciertas corrientes político-populistas), pues vieron marchito el statu quo de sus privilegios ancestrales, lo que actuó como caldo de cultivo el cual degeneraría en levantamiento castrense contra el orden legal establecido. Un golpe de Estado en realidad contra el que, obviamente, la República no tuvo más remedio que defenderse y de ahí, en consecuencia, la Guerra Civil de España. Todo un banco de ensayo  preparatorio para la II Guerra Mundial.

         Se ha escrito mucho sobre el Crack del 29. Desde mis humildes conocimientos sobre Economía apuntaría que sus causas fueron debidas mayormente a que las distintas riquezas nacionales (sociales) estaban en muy pocas manos que además usuraban con aquella, caso especial de Estados Unidos, en formatos especulativos o en Bolsa con pagarés, acciones, letras de cambio, etcétera. Una mínima parte de la masa monetaria de la economía real, respaldada por el patrón oro, en proporción al número de sus tenedores estaba en poder de los consumidores de las clases populares a través de salarios poco menos que de subsistencia. Y claro, en pleno auge industrial ¿de qué servía tanta producción de bienes de consumo manufacturados si por su precio sólo estaban al alcance de los más pudientes?

         La Gran Depresión comienza con el crack, con el estallido de la burbuja de la concentración de los capitales dinerarios en pocas manos, lo que impedía que el dinero fluyera por la sociedad dando lugar al colapso del consumo natural, circunstancia agravada además con el encarecimiento progresivo de los precios. La inflación, en definitiva, fue retirando de los mostradores comerciales a masas ingentes de potenciales compradores al carecer de capacidad de poder adquisitivo.

         Por otra parte, todavía no estaba inventada la división del trabajo o se encontraba en ciernes, por lo que las manufacturas seguían siendo productos cuasi artesanales salidas de pequeños talleres en los que laboraban maestros con aprendices, o de grandes y peligrosas factorías con plantillas numerosas de mano de obra especializada en funciones muy concretas, repetitivas y rudimentarias, lo que asignaba al producto un precio para las clases populares prohibitivo a pesar de los bajos salarios y jornadas de trabajo de sol a sol.

         Ese estado de cosas, sobre todo en Europa, en sociedades que pasaban de ser netamente rurales a industrializarse bajo unas condiciones sociales en las clases trabajadoras a todas luces injustas, tenía que reventar por alguna parte. Porque una vez que los protagonistas del crack pasaron su propia crisis financiera, la Gran Depresión continuó su curso cebándose en las clases humildes.

         Mal que bien, con la industria bélica durante la II Guerra Mundial, principalmente la de los países contendientes con mayor capacidad fabril (Estados Unidos, Unión Soviética y Gran Bretaña por un lado, Alemania y Japón por otro), se observó la división del trabajo y se perfeccionaron las cadenas de montaje que cuando menos adquirieron movilidad autónoma. Sabido es que con las guerras se consiguen grandes progresos susceptibles de ser aprovechados para la vida civil en tiempos de paz.

         La posguerra fue una época de reconstrucción y a su vez de  plena industrialización como prolongación del esfuerzo industrial que había exigido la beligerancia entre las naciones. La división del trabajo y la producción en cadena de los bienes de consumo consiguieron el abaratamiento de estos, llevando a la sociedad a ser eso, sociedad del consumo. Mas una sociedad basada en el consumo inteligente sería lo más lógico en la búsqueda por alcanzar una calidad de vida en la que por fin primaría ésta por encima del trabajo, y no al revés.

         Pero sí sería al revés espoleada la circunstancia (o la suerte) de tener trabajo por la competitividad, de tal manera que la obsesión por tener recursos asegurados obligaba a trabajar más de lo necesario para vivir. Con lo que la sociedad del consumo se convierte en sociedad del consumismo, hasta tal punto que la masa monetaria corriente avalada por el patrón oro llega a ser insuficiente para cubrir todas las necesidades de gasto, entendido éste en el más amplio sentido de la palabra: inversión en el juego; inversión especulativa; renovación de mobiliario; renovación de vestuario; adquisición de coche de lujo, yate, supersónico propio; hasta adquisición de isla sólo para disfrute privado...

         Sirva como ejemplo de la nueva sociedad del consumismo el estilo de vida de un tal Agente 007, de quien si todos los ciudadanos tuvieran capacidad de copiar para vivir, es obvio que la Tierra toda habría de ser de oro para poder pagar semejante suntuosidad existencial. Es por ello que la masa monetaria teniendo al oro como patrón se quedaba corta para poder cubrir todos los gastos, por lo que se hacía necesaria la creación de un nuevo sistema monetario que permitiera dar a la maquinita cuantas veces fuera necesario para conseguir liquidez, comenzando así el fenómeno conocido como inflación, o sea exceso de billetes en curso corriente legal, desprecio absoluto del ahorro y, lo que es peor, desprecio del precio justo de los bienes de consumo. El patrón-monetario como divisa de referencia había pasado a ser, ...¿cuál?... Efectivamente, el dólar.

         El Crack de 1929 dio lugar al cabo de una década a la II Guerra Mundial. Ahora estamos en 2009 inmersos en una crisis económica de proporción planetaria que tuvo su arranque con el famoso estallido de la burbuja inmobiliaria en el verano de 2007 a consecuencia de las precipitaciones al vacío de cientos de miles de hipotecas basura, que de la noche a la mañana no tuvieron más aval que el papel en el que estaban soportadas sus cláusulas de pago y vencimiento.


BOLIGRAFÍAS
por Ana I. Pérez Ramos
anaopera@terra.es

*


Boligrafía 1
"Thyerry"
1994


Boligrafía 2
"Agua y fuego"
29,7 x 21 cm
Noviembre 2001


Boligrafía 3
"Una rosa para mí"
31,8 x 23 cm
Agosto 1999


Boligrafía 4
"Primavera"
30 x 20,5 cm
Abril 1998


Boligrafía 5
"Abecedario Nº 11 (Camuflaje)"
30,7 x 29,7 cm
Noviembre 2001


Boligrafía 6
"Paisaje"
30 x 20,5 cm
Abril 1998


Boligrafía 7
"El silencio (blanco y azul)"
29,7 x 21 cm
Octubre 2001


Boligrafía 8
"Tempestad"
1998


Boligrafía 9
"Interior"
1982


Boligrafía 10
"Hojas de colores"
1999

*

Se encuentra usted en Artículo 6 de
"Capitalismo Social"


jesusperezramos@telefonica.net