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“¡Lo
que ha estallado
es la burbuja de la Globalización, ilusos!”
Dejar
al mercado y al juego que se traen entre sí la oferta y la demanda
como factores que por su propia dinámica de funcionamiento acabarán
solucionando todos los problemas, se ha demostrado ya hasta la
saciedad e históricamente que no sólo es una panacea insostenible
del capitalismo liberal, sino una fuente de desastres sociales de
toda índole de entre las que cabe destacar inclusive las guerras
entre los pueblos como síntoma de caos supremo.
Es
cierto que desde la Revolución Industrial y principalmente como
consecuencia de ésta, el libre mercado ha traído progreso,
bienestar y riqueza sociales, pero ha sido con unas maneras las más
de las veces impositivas que ha devenido sólo en beneficio de una
parte menor de población del planeta Tierra a costa de una mayoría
que continua en vías de desarrollo, cuando no sumida en el más
absoluto subdesarrollo. Se me podrá decir que la situación en que
se encuentra la mayoría es por culpa suya propia por no haber
sabido o querido progresar en la forma en que lo ha hecho el
Occidente industrializado, ahora también tecnificado e
informatizado. De acuerdo, pero entonces los países
subdesarrollados no tendrían por qué estar soportando los efectos,
por ejemplo, del cambio climático, fruto de la sobreexplotación de
recursos naturales llevada a cabo por cuenta, y beneficio mayor, de
los países desarrollados.
Gracias
a la Telecomunicación, la Informática y principalmente Internet,
la Tierra es ahora toda ella una suerte de aldea global en la que
cualquier cosa que suceda en uno de sus lares, se sabe al momento,
en tiempo real, en su correspondiente antípoda. Este es un fenómeno
que desde los últimos suspiros del pasado siglo se conoce como Globalización.
El sistema capitalista, como no podía ser de otro modo, encontró
en la Globalización el caldo de cultivo ideal para su
ensanchamiento, para una expansión absoluta que no ha sido capaz de
frenar ningún muro fronterizo. Esta expansión se ha comportado
como una burbuja que ha terminado, conforme a simple ley de Física
elemental, por explotar. Ya sabemos de la explosión de muchas
burbujas, pero sólo nos faltaba la de la Globalización como
la mayor de las explosiones.

No
crean ustedes que la mayor crisis económica conocida hasta ahora
desde el crack estadounidense de 1929 es como consecuencia del
estallido de una burbuja multinacional más, también de origen
estadounidense, faltaría más. No. Es el estallido de la burbuja de
la propia Globalización, y puesto que ésta acaparó todo el
espacio atmosférico vital, de ahí ahora la crisis en todos los
sectores habidos y por haber a lo largo y ancho de la Tierra.
Y
no crean, también, que en la última cumbre del G-20 se han puesto
ni siquiera las bases de la solución al problema de la situación
financiera mundial actual, porque, o bien lo desconocen los que
coincidieron en esa reunión o no han querido entrar cuando
menos a analizar la raíz real (ya histórica) de dicho problema. Yo
creo que ha sucedido lo segundo, pero ocurre que los resortes del
capitalismo liberal se han reforzado tanto, precisamente con la Globalización,
que los asistentes al G-20 han optado por reconocer los males bajo
virtud diplomática antes que afrontarlos con valentía política
(quizá por eso, porque son políticos).
¿Cuál
es realmente la raíz del problema? Ya no me quedan ganas de
escribir una enciclopedia sobre el asunto. Pero simplificando es ése,
la propia Globalización.

A
ver. ¿Cómo concibe nadie que sea lógico, cabal y rentable (me
refiero rentable a nivel social/global) que un país como España,
por ejemplo, importe naranjas por un puerto y las exporte por otro?
No lo entiendo. Y entendería menos que de cara al consumidor fueran
más baratas en destino que en origen. Pero a lo que voy. Para que
esas naranjas se transporten en avión, en barco o en camión de
unos países a otros, ¡hace falta combustible! Aparte de logística,
infraestructura administrativa, etcétera, etcétera. Con esta
observación bien sencilla, apreciamos que estamos despilfarrando
recursos naturales como son en este caso hidrocarburos, cuya
combustión es precisamente una de las causas principales del
calentamiento global.
Se
está empezando ya a hablar de la relocalización habida
cuenta de que la deslocalización de empresas o centros de
producción lejos de resultar un fenómeno rentable, se está
convirtiendo en un problema serio de infraestructura, porque implica
el transporte de los bienes de consumo hacia regiones muy alejadas
de aquellas en las que se producen.
No
seamos ilusos pues la única burbuja que ha estallado es la de la Globalización.
Pues la deslocalización, que obedece a una competitividad simplista
y desaforada, es tanto como desnudar a un santo para vestir a otro.
Quiere decirse que en una región en la que se ha generado
una estabilidad económica, y en no pocos casos tras superarse
graves conflictos laborales y sociales de toda índole a lo largo de
generaciones, no se puede dilapidar ese historial en favor de una búsqueda obsesiva de beneficios a corto plazo
por desplazamiento de la productividad a otro confín. El problema
de competitividad, si lo hubiere, hay que solucionarlo en todo caso
en su lugar de origen, de lo contrario lo que realmente
deslocalizamos es ese problema, con lo que
se crea un círculo vicioso de alcance global que al final termina
perjudicando a todos.

Pienso
que en esto tiene parte de culpa o gran culpa la OMC (Organización
Mundial del Comercio), pues en realidad lo que debería organizar no
es tanto un comercio mundial sino establecer regiones mundiales de
comercio que más o menos vendrían a ser tantas como los
continentes en que físicamente está dividido el planeta Tierra.
Además cuando llega una crisis seria los países con mayor
capacidad productiva y exportadora son los primeros en caer en la
tentación de echar mano del proteccionismo aduanero contra los
bienes de consumo de importación, perjudicando así a los países que
sólo tienen capacidad de exportación, y que ven en esto la única salida
para conseguir divisas aun en perjuicio notable de sus poblaciones
que incluso pueden llegar a quedar desabastecidas de sus propios
recursos naturales.
No
se trata de impedir el libre comercio entre naciones, sino de
facilitar los intercambios entre origen y destino de los productos
de los cuales se carecen en uno u otro extremo. Llevar agua al río,
aparte de ser una idiotez, implica un esfuerzo y un gasto de energía...
Claro, esto obliga a hacer inversiones sociales en regiones o áreas
subdesarrolladas del mundo principalmente en sus sectores primarios
de producción (agricultura, ganadería, pesca...). Se están
empezando a observar progresos dignos bajo el amparo de pequeños préstamos
personales en las regiones más deprimidas del mundo
Con
el modo prestamista que han observado hasta ahora el Banco Mundial y
el Fondo Monetario Internacional poniendo dinero a paladas en manos
de gobiernos corruptos, cuando no déspotas, y bajo intereses hipotecantes,
lo único que se ha conseguido es endeudar aún más a pueblos de
por sí ya sumidos en la miseria.
La
Globalización hay que entenderla, y comprenderla, como una
acción social a favor del ciudadano necesitado, sea cual sea su
nacionalidad. A fin de cuentas si el capitalismo cree en la
iniciativa personal del individuo, obvio es que vele por sus
intereses... sobre todo si es un desdichado que no tiene ninguno.
La
actual crisis económica es debida a que las multinacionales,
mayormente las multinacionales de las finanzas, han matado
a su propia gallina de los huevos de oro y, que no es otra,
que la misma Globalización. |