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“F.I.V.,
una labor social impagable”
De todas
las especies de animales, la humana, dentro de sí misma, es la única
cuyos seres son potencialmente predadores —por
tener capacidad para ser verdugos—
al mismo tiempo que susceptibles de encajar el rol de presas —por
su exposición inconsciente como víctimas propicias en un momento
dado—.
En la lucha por la supervivencia y en su medio podríamos decir que
los grandes felinos son por antonomasia los únicos depredadores que
convierten a los seres del resto de las especies en sus víctimas
propicias, lo cual no es gratuito pues es con un afán único: la
obtención de alimento. Pero los grandes felinos, con capacidad para
recordar, como casi todos los animales, carecen de la capacidad para
razonar, a excepción única de los individuos pertenecientes a la
especie humana que no sólo son depredadores de los grandes felinos
sino de cualesquiera otros seres, incluidos, como ya hemos apuntado
al principio, los humanos.
En el Reino Animal no existe un sólo paradigma comparativo de
especie de individuos inteligentes con respecto a la especie humana,
lo cual es un fenómeno que convierte al Hombre, por lo que se sabe
hasta el momento, en el centro de reflexión del Universo.
Con motores como el talento, la sabiduría, la sapiencia... la
experiencia, ese centro reflexiona siempre con el fin de alcanzar un
objetivo que podríamos denominar "satisfacción". Aparte
de los momentos dedicados al sueño, no hay un instante en la vida
del hombre que no esté destinado a pensar con más o menos un
cierto nivel de reflexión. Una persona cuando anda con estrés por
la calle es porque va reflexionando, por ejemplo, si llegará o no a
su hora al trabajo; por lo tanto si lo logra con puntualidad, es
obvio que se sentirá satisfecha. Así las cosas se deduce que el
hombre está de alguna manera concebido para reflexionar, y asimismo
él lo hace consciente con el objetivo de alcanzar satisfacciones
sucesivas en la sucesión de empresas que emprende a lo largo del día
—de la vida—, ya sean rituales, por
necesidad, imperativo, delegación, iniciativa propia, etcétera.
Incluso si son empresas tan biológicas e inaplazables como pongamos
por caso el comer. ¿Quién, hambriento, no queda satisfecho en su
apetito después de un abundante y exquisito almuerzo?
Pero no siempre la satisfacción se alcanza por medios inicuos sino
antes bien al contrario, ejerciendo una suerte de violencia contra
la Naturaleza y/o sus seres que pasan a convertirse, pues, en víctimas.
Al margen del afán por subsistir, quienes observan la violencia física
o intelectual, en consecuencia, es porque sin lugar a duda se valen
del razonamiento reflexivo para alcanzar su objetivo, y con ello su
satisfacción personal, aun a costa de dejar atrás una estela de
victimología. No se trata entonces de individuos obtusos, pues
ocurre que han hecho uso de su reflexión —reflexión
inteligente— para sacar partido de su supremacía intelectual o física
bajo parámetros de despotismo. Y ello para conseguir un nivel de
satisfacción ya fuere material o moral (inmoral).
Carolina Foullioux Baudin —lingüista y profesora titular del
Dpto. de Filología Francesa de la U.A.M.— me puso al corriente de
la existencia y labor de la Fundación
Instituto de Victimología, de cuyo Patronato ella forma parte. Con
un elenco admirable de personas de profesiones liberales —que no
profesionales liberales— adjuntos cada quien según su
responsabilidad en la Fundación ya al departamento de Patronato, de
Equipo Científico o de Consejo Asesor, la F.I.V. es de un espíritu
claramente altruista con vocación en el territorio del Estado español
de ocuparse "... desde la independencia y el rigor científico,
de rescatar a la víctima de la desatención, el silencio y el
alejamiento social", según nos refiere José Antonio Alonso, Presidente del Patronato, en su saludo o carta de presentación
de la web de la Fundación en la sección "¿Quiénes
somos?"
No sé hasta qué punto tenemos en cuenta los ciudadanos que
"Los últimos
datos cifran en millón y medio de personas, sólo en España, el número
de víctimas directas de acontecimientos traumáticos de diversa índole
(malos tratos, accidentes de tráfico, actos violentos, catástrofes
naturales...)"
—nos advierte el Presidente de la Fundación
Instituto de Victimología en otro punto de su carta de saludo—.
"Millón y
medio de personas que luchan contra su
sufrimiento, que suelen estar mal atendidas y silenciadas. Y en
ocasiones hasta manipuladas".
Desde que se constituyera la F.I.V., en julio de 2006, los
profesionales comprometidos con la Fundación, quiere decirse al
margen de sus profesiones ejercientes —Psicología, Psiquiatría,
Derecho, Medicina, Gramática y Filología, Cinematografía, etcétera—,
han luchado y luchan por que la victimología en España deje de ser
una lacra social. Lo cual tiene un mérito asombroso tratándose de
personas maduras que no es que lo tengan ya todo solucionado en la
vida, pues el que más y el que menos tiene sus propios problemas,
aparte de que nadie está libre de sufrir un serio revés en su
destino pasando así a convertirse en una víctima más.
Precisamente por su bien ganado estatus social, y me consta que no
sin esfuerzo, los profesionales de la F.I.V. son conscientes de los
traumas que padecen los seres que no han sido agraciados
precisamente por el destino en tanto que convertidos así en presas
y víctimas de algún tipo de calamidad. Como se suele decir, y
nunca mejor dicho, los que integran la Fundación están realmente
comprometidos con la causa.
Gracias a las instituciones y ONGs con afanes no lucrativos
se suplen en la medida de lo posible las deficiencias del Estado de
Derecho, pero sobre todo las del Estado de bienestar. No me estoy
refiriendo a un papá Estado que nos saque las castañas del
fuego ni a nadie que lo pretenda, sino a un Estado que avale y
controle (y no que intervenga) un sistema económico de libre
mercado, y no de mercado libre en el que hacen y deshacen a su
antojo los grandes felinos.
Estos simples conceptos aplicados a través de una legislación
consecuente serían la base del Capitalismo Social. Entonces Estado de
Derecho más Capitalismo Social nos daría como resultado el Estado de
bienestar, cuyo correcto funcionamiento como sistema haría que
estuvieran de más las instituciones altruistas. Pero
lamentablemente el Estado de bienestar es como una nave que
encuentra constantemente impedimentos y tormentas en su navegación,
impidiendo así llevar a buen puerto a aquellos que necesitan
realmente ayuda. Son muy necesarias, pues, instituciones sin afán
lucrativo como la Fundación Instituto de Victimología para suplir
las carencias del Estado a favor de víctimas que precisan ayuda técnica,
asistencial, colegiada, psicológica, moral... En definitiva, ayuda
humana. Esto tiene como consecuencia un apoyo impagable para el
Estado que en modo alguno debe entenderse como labor de
beneficencia, sino como complemento de las carencias de la
Administración pública.
La beneficencia, en el sentido literal de la palabra, sí es
admitida en el sistema capitalista rampante, en el cual se observa
que cuantos más necesitados haya, más ricos serán los menos.
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