"CAPITALISMO SOCIAL"
& Viñetas "ELUCUBRACIONES SISTÉMICAS"
por Jesús Pérez Ramos

Artículo 2
Entrega: 19-3-2009


F.I.V., una labor social impagable”

De todas las especies de animales, la humana, dentro de sí misma, es la única cuyos seres son potencialmente predadores por tener capacidad para ser verdugos al mismo tiempo que susceptibles de encajar el rol de presas por su exposición inconsciente como víctimas propicias en un momento dado—.

          En la lucha por la supervivencia y en su medio podríamos decir que los grandes felinos son por antonomasia los únicos depredadores que convierten a los seres del resto de las especies en sus víctimas propicias, lo cual no es gratuito pues es con un afán único: la obtención de alimento. Pero los grandes felinos, con capacidad para recordar, como casi todos los animales, carecen de la capacidad para razonar, a excepción única de los individuos pertenecientes a la especie humana que no sólo son depredadores de los grandes felinos sino de cualesquiera otros seres, incluidos, como ya hemos apuntado al principio, los humanos.

          En el Reino Animal no existe un sólo paradigma comparativo de especie de individuos inteligentes con respecto a la especie humana, lo cual es un fenómeno que convierte al Hombre, por lo que se sabe hasta el momento, en el centro de reflexión del Universo.

          Con motores como el talento, la sabiduría, la sapiencia... la experiencia, ese centro reflexiona siempre con el fin de alcanzar un objetivo que podríamos denominar "satisfacción". Aparte de los momentos dedicados al sueño, no hay un instante en la vida del hombre que no esté destinado a pensar con más o menos un cierto nivel de reflexión. Una persona cuando anda con estrés por la calle es porque va reflexionando, por ejemplo, si llegará o no a su hora al trabajo; por lo tanto si lo logra con puntualidad, es obvio que se sentirá satisfecha. Así las cosas se deduce que el hombre está de alguna manera concebido para reflexionar, y asimismo él lo hace consciente con el objetivo de alcanzar satisfacciones sucesivas en la sucesión de empresas que emprende a lo largo del día  —de la vida—, ya sean rituales, por necesidad, imperativo, delegación, iniciativa propia, etcétera. Incluso si son empresas tan biológicas e inaplazables como pongamos por caso el comer. ¿Quién, hambriento, no queda satisfecho en su apetito después de un abundante y exquisito almuerzo?

          Pero no siempre la satisfacción se alcanza por medios inicuos sino antes bien al contrario, ejerciendo una suerte de violencia contra la Naturaleza y/o sus seres que pasan a convertirse, pues, en víctimas. Al margen del afán por subsistir, quienes observan la violencia física o intelectual, en consecuencia, es porque sin lugar a duda se valen del razonamiento reflexivo para alcanzar su objetivo, y con ello su satisfacción personal, aun a costa de dejar atrás una estela de victimología. No se trata entonces de individuos obtusos, pues ocurre que han hecho uso de su reflexión —reflexión inteligente— para sacar partido de su supremacía intelectual o física bajo parámetros de despotismo. Y ello para conseguir un nivel de satisfacción ya fuere material o moral (inmoral).

          Carolina Foullioux Baudin —lingüista y profesora titular del Dpto. de Filología Francesa de la U.A.M.— me puso al corriente de la existencia y labor de la Fundación Instituto de Victimología, de cuyo Patronato ella forma parte. Con un elenco admirable de personas de profesiones liberales —que no profesionales liberales— adjuntos cada quien según su responsabilidad en la Fundación ya al departamento de Patronato, de Equipo Científico o de Consejo Asesor, la F.I.V. es de un espíritu claramente altruista con vocación en el territorio del Estado español de ocuparse "... desde la independencia y el rigor científico, de rescatar a la víctima de la desatención, el silencio y el alejamiento social", según nos refiere José Antonio Alonso, Presidente del Patronato, en su saludo o carta de presentación de la web de la Fundación en la sección "¿Quiénes somos?" 

          No sé hasta qué punto tenemos en cuenta los ciudadanos que "Los últimos datos cifran en millón y medio de personas, sólo en España, el número de víctimas directas de acontecimientos traumáticos de diversa índole (malos tratos, accidentes de tráfico, actos violentos, catástrofes naturales...)" —nos advierte el Presidente de la Fundación Instituto de Victimología en otro punto de su carta de saludo—. "Millón y medio de personas que luchan contra su sufrimiento, que suelen estar mal atendidas y silenciadas. Y en ocasiones hasta manipuladas".

          Desde que se constituyera la F.I.V., en julio de 2006, los profesionales comprometidos con la Fundación, quiere decirse al margen de sus profesiones ejercientes —Psicología, Psiquiatría, Derecho, Medicina, Gramática y Filología, Cinematografía, etcétera—, han luchado y luchan por que la victimología en España deje de ser una lacra social. Lo cual tiene un mérito asombroso tratándose de personas maduras que no es que lo tengan ya todo solucionado en la vida, pues el que más y el que menos tiene sus propios problemas, aparte de que nadie está libre de sufrir un serio revés en su destino pasando así a convertirse en una víctima más. Precisamente por su bien ganado estatus social, y me consta que no sin esfuerzo, los profesionales de la F.I.V. son conscientes de los traumas que padecen los seres que no han sido agraciados precisamente por el destino en tanto que convertidos así en presas y víctimas de algún tipo de calamidad. Como se suele decir, y nunca mejor dicho, los que integran la Fundación están realmente comprometidos con la causa.

         Gracias a las instituciones y ONGs con afanes no lucrativos se suplen en la medida de lo posible las deficiencias del Estado de Derecho, pero sobre todo las del Estado de bienestar. No me estoy refiriendo a un papá Estado que nos saque las castañas del fuego ni a nadie que lo pretenda, sino a un Estado que avale y controle (y no que intervenga) un sistema económico de libre mercado, y no de mercado libre en el que hacen y deshacen a su antojo los grandes felinos.

         Estos simples conceptos aplicados a través de una legislación consecuente serían la base del Capitalismo Social. Entonces Estado de Derecho más Capitalismo Social nos daría como resultado el Estado de bienestar, cuyo correcto funcionamiento como sistema haría que estuvieran de más las instituciones altruistas. Pero lamentablemente el Estado de bienestar es como una nave que encuentra constantemente impedimentos y tormentas en su navegación, impidiendo así llevar a buen puerto a aquellos que necesitan realmente ayuda. Son muy necesarias, pues, instituciones sin afán lucrativo como la Fundación Instituto de Victimología para suplir las carencias del Estado a favor de víctimas que precisan ayuda técnica, asistencial, colegiada, psicológica, moral... En definitiva, ayuda humana. Esto tiene como consecuencia un apoyo impagable para el Estado que en modo alguno debe entenderse como labor de beneficencia, sino como complemento de las carencias de la Administración pública.

         La beneficencia, en el sentido literal de la palabra, sí es admitida en el sistema capitalista rampante, en el cual se observa que cuantos más necesitados haya, más ricos serán los menos.


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