"CAPITALISMO SOCIAL"
& Viñetas "ELUCUBRACIONES SISTÉMICAS"
por Jesús Pérez Ramos

Artículo 1
Entrega: 14-3-2009


“El cuerpo humano
como símil del Capitalismo  Social”

En un sistema capitalista no hay economía que podamos juzgar como tal sin consumo, ni hay consumo que se pueda llevar a cabo sin una determinada facultad económica, lo que en propiedad se conoce como poder adquisitivo.

         Planteándonos un símil vamos a imaginar por un momento que el cuerpo humano en su conjunto, tanto parte con actividad pensante como parte con actividad física, es el sistema capitalista. Tendríamos en el cerebro al órgano superior que como materia gris pensante sería el encargado de asumir las responsabilidades relacionadas con la economía, así como de dirigir el funcionamiento del resto de órganos y miembros con actividad física, independientemente de que actuasen por delegación o dependencia.

         Dicho eso observaríamos que el acto en sí de consumir sería realizado por los órganos de vanguardia, o sea por los que acudiesen al mercado para encargarse del aprovisionamiento de recursos: oxígeno, agua, energía en forma de alimentos y otros bienes de consumo tales como ropa, calzado, electrodomésticos, literatura, ocio... Todo ello en función de las necesidades del cerebro, que es a fin de cuentas el que calibra la demanda de los elementos que dirige y administra, pero también en función de su capacidad económica.

         Si esa capacidad económica es de un fuerte poder adquisitivo, el consumo como acto corre el riesgo de convertirse en un acto de consumismo, por lo que si es continuado provocará que determinadas partes, órganos o sistemas se colapsen, siendo lo más grave del asunto que el cuerpo humano en su conjunto termine pagando las consecuencias. Un aporte de calorías excesivo, por ejemplo, seguramente generará un grado de satisfacción culinaria en el cerebro, pero pondrá en precariedad el sistema sanguíneo que deberá asumir el riesgo consecuente de un exceso de colesterol. El colapso del sistema sanguíneo será a su vez, lamentablemente, origen del colapso de todo el sistema corporal.

         También podemos establecer la Naturaleza como símil del Capitalismo Social, por cuanto que tanto daño haga el consumismo al cuerpo humano, así se lo hará a aquélla.

         La proyección de gasto económico establecida por la dirección del Ente corporal determina el nivel de consumo. ¿Pero en beneficio de qué (o en perjuicio de qué) órganos y miembros? La pregunta no es gratuita porque hemos tomado el cuerpo humano como símil de un sistema capitalista. A su vez no es menos cierto que el funcionamiento del segundo es imposible fuera de cualquier medio (sistema) social. ¿Luego por qué el capitalismo (el sistema capitalista) no es social? En el cuerpo humano el beneficio o perjuicio de unos órganos deviene por igual en todo el conjunto, es decir en todo el Ente corporal.

         Debemos de una vez por todas asumir que si el sistema capitalista necesita para su desarrollo de un sistema social (población de seres humanos dirigida por un conjunto común de normas, reglamentos y leyes), es obvio que el capitalismo ha de ser por fuerza también social. Ojo, que con esto no me estoy refiriendo a ningún socialismo científico ni nada que se le parezca, porque un capitalismo social entiendo que no es impedimento para las iniciativas personales del individuo.

         Dicho lo cual, ahora imaginemos a un ciudadano que en su profesión, puesto y cargo es considerado una auténtica eminencia. Gracias a su buen hacer como el más alto de los ejecutivos, la empresa para la que trabaja consigue ejercicio tras ejercicio pingües beneficios a fuerza de una dinámica lucrativa, eso sí, dentro de la más absoluta legalidad. Pero no todo en su vida es un camino de rosas pues debido a un accidente de tráfico se ve postrado en una silla de ruedas, víctima de inmovilidad de la cintura para abajo.

         Tomemos ahora el cuerpo humano como símil concreto del Capitalismo Social, con mayúsculas, en la persona de ese ejecutivo que les pongo como ejemplo, que tiene probablemente uno de los cerebros más superdotados que se hayan podido conocer. Pero lo cierto es que por saltarse una señal de stop, su vehículo fue arrollado por un camión. Su imprudencia impidió que a través de la espina dorsal (sistema financiero) llegara la energía necesaria y merecida (salario) hacia la parte inferior del cuerpo que, como consecuencia de ello, quedó paralizada. De modo que la dirección del sistema, el cerebro, se percató de que para que el Ente corporal pudiera llevar a cabo una empresa tan elemental (función corporativa y cooperativa) como es la de desplazarse de una parte a otra del despacho, ¡necesitaba de la fuerza bruta de dos peones!, esto es, de las piernas.

         Ciertamente los peones fueron sustituidos por la máquina, o sea la silla de ruedas. Pero esto ya es otra historia. Lo que quiero dar a entender es que en la historia precedente el ejecutivo quedó impedido por su acto temerario de seguir disfrutando de la vida en todo su esplendor, aparte de dejar inactivo a un colectivo de operarios absolutamente necesario para la buena marcha del sistema, del sistema social.

            Por lo tanto es de una auténtica hipocresía llenarnos la boca hablando de las bondades del Estado de Derecho sin en éste no se deja lugar para el Capitalismo Social.

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