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“El cuerpo humano
como símil
del Capitalismo Social”
En
un sistema capitalista no hay economía que podamos juzgar como tal
sin consumo, ni hay consumo que se pueda llevar a cabo sin una
determinada facultad económica, lo que en propiedad se conoce como
poder adquisitivo.
Planteándonos
un símil vamos a imaginar por un momento que el cuerpo humano en su
conjunto, tanto parte con actividad pensante como parte con
actividad física, es el sistema capitalista. Tendríamos en el
cerebro al órgano superior que como materia gris pensante
sería el encargado de asumir las responsabilidades relacionadas con
la economía, así como de dirigir el funcionamiento del resto de órganos
y miembros con actividad física, independientemente de que actuasen
por delegación o dependencia.

Dicho
eso observaríamos que el acto en sí de consumir sería realizado
por los órganos de vanguardia, o sea por los que acudiesen al
mercado para encargarse del aprovisionamiento de recursos: oxígeno,
agua, energía en forma de alimentos y otros bienes de consumo tales
como ropa, calzado, electrodomésticos, literatura, ocio... Todo
ello en función de las necesidades del cerebro, que es a fin de
cuentas el que calibra la demanda de los elementos que dirige y
administra, pero también en función de su capacidad económica.
Si
esa capacidad económica es de un fuerte poder adquisitivo, el
consumo como acto corre el riesgo de convertirse en un acto de
consumismo, por lo que si es continuado provocará que determinadas
partes, órganos o sistemas se colapsen, siendo lo más grave del
asunto que el cuerpo humano en su conjunto termine pagando las
consecuencias. Un aporte de calorías excesivo, por ejemplo,
seguramente generará un grado de satisfacción culinaria en el
cerebro, pero pondrá en precariedad el sistema sanguíneo que deberá
asumir el riesgo consecuente de un exceso de colesterol. El colapso
del sistema sanguíneo será a su vez, lamentablemente, origen del
colapso de todo el sistema corporal.
También
podemos establecer la Naturaleza como símil del Capitalismo Social,
por cuanto que tanto daño haga el consumismo al cuerpo humano, así
se lo hará a aquélla.

La
proyección de gasto económico establecida por la dirección del
Ente corporal determina el nivel de consumo. ¿Pero en beneficio de
qué (o en perjuicio de qué) órganos y miembros? La pregunta no es
gratuita porque hemos tomado el cuerpo humano como símil de un
sistema capitalista. A su vez no es menos cierto que el
funcionamiento del segundo es imposible fuera de cualquier medio
(sistema) social. ¿Luego por qué el capitalismo (el sistema
capitalista) no es social? En el cuerpo humano el beneficio o
perjuicio de unos órganos deviene por igual en todo el conjunto, es
decir en todo el Ente corporal.
Debemos
de una vez por todas asumir que si el sistema capitalista necesita
para su desarrollo de un sistema social (población de seres humanos
dirigida por un conjunto común de normas, reglamentos y leyes), es
obvio que el capitalismo ha de ser por fuerza también social. Ojo,
que con esto no me estoy refiriendo a ningún socialismo científico
ni nada que se le parezca, porque un capitalismo social entiendo que
no es impedimento para las iniciativas personales del individuo.
Dicho
lo cual, ahora imaginemos a un ciudadano que en su profesión,
puesto y cargo es considerado una auténtica eminencia. Gracias a su
buen hacer como el más alto de los ejecutivos, la empresa para la
que trabaja consigue ejercicio tras ejercicio pingües beneficios a
fuerza de una dinámica lucrativa, eso sí, dentro de la más
absoluta legalidad. Pero no todo en su vida es un camino de rosas
pues debido a un accidente de tráfico se ve postrado en una silla
de ruedas, víctima de inmovilidad de la cintura para abajo.
Tomemos
ahora el cuerpo humano como símil concreto del Capitalismo Social,
con mayúsculas, en la persona de ese ejecutivo que les pongo como
ejemplo, que tiene probablemente uno de los cerebros más
superdotados que se hayan podido conocer. Pero lo cierto es que por
saltarse una señal de stop, su vehículo fue arrollado por un camión.
Su imprudencia impidió que a través de la espina dorsal (sistema
financiero) llegara la energía necesaria y merecida (salario) hacia
la parte inferior del cuerpo que, como consecuencia de ello, quedó
paralizada. De modo que la dirección del sistema, el cerebro, se
percató de que para que el Ente corporal pudiera llevar a cabo una
empresa tan elemental (función corporativa y cooperativa) como es
la de desplazarse de una parte a otra del despacho, ¡necesitaba de
la fuerza bruta de dos peones!, esto es, de las piernas.

Ciertamente
los peones fueron sustituidos por la máquina, o sea la silla de
ruedas. Pero esto ya es otra historia. Lo que quiero dar a entender
es que en la historia precedente el ejecutivo quedó impedido por su
acto temerario de seguir disfrutando de la vida en todo su
esplendor, aparte de dejar inactivo a un colectivo de operarios
absolutamente necesario para la buena marcha del sistema, del
sistema social.
Por lo tanto es de una auténtica hipocresía llenarnos
la boca hablando de las bondades del Estado de Derecho sin
en éste no se deja lugar para el Capitalismo Social. |